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Los pétalos no hacen ruido

Una vez que asumes que no puedes entender la red de carreteras de un país, ni siquiera con el mapa que amablemente me envió Mapiberia, lo mejor es perderse. Y de perdidos al río de cruces sin señalizar, pistas con categoría de carretera y desvíos a desmano. Sali de Seul tan tranquilamente como entré. Si llegué por un carril bici de veinticinco kilómetros salí en metro hasta Suwon escapándome así a una locura de laberinto del que nunca hubiera encontrado el hilo de Ariadna. La primera sorpresa vino en la isla de Anmyeon, al oeste de Corea. Me brindó uno de esos atardeceres al que sólo le faltaba para ser perfecto una mano de mujer que se entretuviese en desenredar, amablemente, los últimos rizos de mi pelo.

Pero el esquivo destino, a cambio de esconderme esa mano y otras partes del cuerpo femenino, me ha ofrecido amplios horizontes, ilimitados espacios de silencio y un campo de libertad donde no hay quien encuentre la puerta (ni falta que hace). Y Corea del Sur me ha regalado también incontables cementerios en los que por la noche podía montar mi tienda, con el asentimiento presunto y silencioso de los vecinos. En ocasiones incluso podía dormir en templos como el del Parque Provincial de Maisan. El templo de Tapsa contiene 80 de las 120 pagodas cónicas que Yi Gap Yong levantó a mano, y sin cemento, hace casi 70 años. Algunas alcanzan 15 metros de altura. Cuando los coreanos ataviados con Gore Tex suficiente para abrir dos tiendas de Outdoor se retiran a sus casas es el momento de disfrutar de los cantos de los pájaros que siguen habitando los árboles cercanos al templo más alto. El enorme esfuerzo de subir hasta allí mi bicicleta se ve de sobra recompensado por la certeza de saber que salvo los espíritus y un servidor, nadie más dormirá allí esa noche.
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Una de las habitaciones del templo de Unmunsa
Pero uno de los mayores regalos vino motivado por un despiste en uno de esos cruces sin señalizar. El Templo de Unmunsa es hoy en día una escuela de formación de monjas budistas. Más de 240 siguen allí los estudios por un período de cinco años. Mi llegada al atardecer coincidió con una de sus ceremonias comunitarias en la que, ataviadas con sus enormes ropas grises y marrones que les hacen parecer seres de otra época, ocupaban el templo principal en ordenada formación arrodillándose una y otra vez ante la imagen de un enorme Buda dorado. Los pétalos de los cerezos parecían derretirse ante la belleza de sus voces y se rendían a sus pies. Aún quedaban sin embargo flores suficientes en los árboles para dar colorido níveo a la primavera en Corea.
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Pedaleando en un universo de luz
Me detuve en Daegu a dar un par de conferencias. Aquí está el enlace a la página oficial del ministerio de educación sobre una de las charlas. Organizadas por el Centro Cultural español que ocupa una de las salas del Hotel Inter-Burgo. Un pedazo de hotel con tantas estrellas como los dedos de una mano cuyo presidente tuve el gusto de conocer justo antes de que volara hacia Madrid. Yungho Kwon se mueve con suavidad por su hotel. La gruesa alfombra del restaurante parece amortiguar aún más su discreción. Sólo me hizo un pregunta tras escuchar mi breve historia.
¿Pero para hacer esto necesitarás dinero?
Su ayuda para mi proyecto fue tan delicada y silenciosa como el descenso de un pétalo de flor desde la rama más alta del cerezo. Sólo quien ve con el corazón lo entendería.
Y ahora me voy para Japón de nuevo. Tras haber recibido una vez más las generosa hospitalidad de Yuhee y su marido que me abrieron su casa sin siquiera haber llegado ellos. Una clase de hospitalidad, de cinco estrellas, a la que uno afortunadamente nunca se acaba de acostumbrar.
Desde la ruta, Paz y bien el biciclown.
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Cosquillas a Buda

2 Comentarios
  • Ariana Hernández Bohigas
    Publicado a las 09:34h, 22 abril

    Mucho éxito Álvaro, me encanta leerte! Saludos desde Venezuela

  • Jose Barredo
    Publicado a las 15:07h, 23 abril

    Excelente descripcion del sentimiento oriental de hospitalidad y belleza que poseen en ese hermoso y enigmatico pais. Sigue adelante Alvaro tu simbolizas nuestras alas de libertad a los que todavia no nos han nacido en nuestra espalda. Saludos de un verdadero admirador desde Venezuela.