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La conexión KCK

Kenya (Nairobi) 2007. En casa de Fran Cervero un grupo de españoles compartimos el salón y algunas experiencias. Entre ellos se encontraba Iñigo, un vasco de larga y solidaria trayectoria por el mundo. Trabajó varias temporadas en el hogar de la Madre Teresa en Calcuta hasta que encontró el amor de su vida, Izaskun, y juntos fundaron Calcuta Ondoan; con proyectos en Calcuta (India). En África hablamos de la posibilidad de que yo pueda ofrecer mi espectáculo en la sede de su proyecto en Calcuta.

Calcuta (India) 2009. Con la gran ayuda de Iñigo y del hermano Das ofrezco mi espectáculo en la India para la ong Calcuta Ondoan. Casi mil mujeres, beneficiarias de sus proyectos, se divierten con el biciclown. Simultaneamente se organizan actividades lúdicas en San Sebastían, la otra sede de Calcuta Ondoan. (leer ese artículo)

Korea (Seul) 2011. Iñigo me facilita el contacto de un amigo coreano suyo a quién conoció durante su estadía en el hogar de la madre Teresa: Joon. Gracias a ese contacto puedo tener un lugar donde descansar en Seul. Joon es un polifacético intelectual: escritor de libros de viajes y de poesía, fotógrafo y sobre todo un vividor. En el sentido positivo y olvidado del término.

Esta es la conexión KCK. Un camino que se ha ido tejiendo lentamente con las ruedas de mi bicicleta y que ha ido dando dulces frutos. En casa de Joon preparo la siguiente fase de mi ruta. Joon me dedica todo el tiempo libre que le queda de sus intensas jornadas. Ha coincidido mi llegada con su quincenal exposición de fotografía y se pasa todo el día en la galería atendiendo a sus numerosos visitantes. El éxito de la exposición sorprende a la propia galerista, amiga de Joon.

La vida es una escuela de emociones: buenas y malas. Joon y su vecino francés Eric, me colmaron de atenciones durante mi estadía en Seul. Aproveché para ponerme al día con los nuevos clownfunders y enviarles su correspondiente PACK y regresé al camino. Amo la incertidumbre de mis días, los cruces no señalizados de camino, la hora mágica en que el sol se va a otro hemisferio y juego a la ruleta con mi bicicleta apostando por un trozo de terreno, sin dueño aparente, en el que pasar la noche. Soy un poseedor de espacios que abandono al alba. Pero quisiera ser un propietario de mi felicidad. Tratando de consumar su usucapión sin título. A costa de discernir en qué momento debo entender al ser humano y en cuál simplemente olvidarlo.

A Joon y a Iñigo no los quiero olvidar. Tampoco a Eric que me enseñó los secretos de comer barato en Seul ni a Han geumsun, la fotógrafa amiga de Joon, que me imprimió 10 de mis fotos a color y en papel de máxima calidad para poder venderlas en la calle en Japón. Estableceré mi propia galería en alguna calle de Kyoto y cuando las venda iré a celebrarlo con una comida que haga temblar mi cartera.

 

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Las mejores puestas de sol de Corea

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Eric, Joon y servidor

 

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