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El año del conejo eléctrico

Hemos habilitado un Blog en esta web donde se van contando las novedades del documental. Allí he anunciado por ejemplo que la banda sonora se grabará en Los Ángeles (USA) por Nominjin. Una joven, talentosa, y hermosa mujer de Mongolia a cuyos padres tuve el gusto de conocer en Ulan Bator, la capital. Ella no cobrará por su trabajo pero hay que pagar el estudio de grabación, el ingeniero de sonido…: unos 1.000 dólares por una canción.

Una locura en clave de SOL. El que alumbra mis días en Japón gracias a la familia Takao y a vuestras aportaciones al clownfunding en mi web y en verkami. Allí abrimos durante unos días una petición de una cantidad pequeña que hemos conseguido alcanzar, siendo el primer documental que alcanza su meta en esta potente web para ayudar a Soñadores conectándoles con el público. Si tenéis un proyecto que queréis lanzar no dudéis en aprovechar esta plataforma.

El clownfunding es uno de los proyectos más locos en los que he metido mis manos. Cuando con la importante ayuda de Moluanda Factoría Digital lo lanzamos no pensé que me ocuparía tanto tiempo. Controlar los nuevos clownfunders, darlos de alta, enviárles el sms (uno por uno y personalizado), rellenar el certificado de clownfunder… me ocupa al menos dos horas al día.

Pero es un placer cuando recibes un mensaje de alquien que te comenta que paseando en bicicleta le sonó el teléfono con un mensaje del biciclown desde el Japón dándole la bienvenida al clownfunding. Es una alegría dar alegrías.

No todo es trabajar. La familia Takao me ha llevado a ver la famosa ciudad de Nagasaki pues en ella hay un gran asentamiento de chinos que celebraban el Año Nuevo Chino: el del conejo. Las luces rojas de las lámparas de papel, los dragones, los olores y sonidos de China volvieron a mí. Aunque era una China muy japonesa: organizado, limpio, silencioso y electrónico. Importaron de China las lucecitas pero no el resto. Hasta había voluntarios que dirigían el tráfico de la multitud. Se podría decir que es el año del Conejo electrónico.

El viaje hasta Nagasaki lo hicimos en el coche de la familia por una cómoda autopista de peaje en la que se paga pero no se para. El coche tiene una tarjeta que es detectada por la barrera del peaje y se levanta apenas unos metros antes de que nos la llevemos por delante.

Lo de Japón y la tecnología no deja de sorprenderme. Y si no mirad en este video cómo se recupera el coche en un garaje de varias plantas de la ciudad de Nagasaki.

Desde la ruta, paz y bien, Álvaro el biciclown.

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Parecen las Fallas de Valencia

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Mi favorito: Sashimi

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Figuras de papel y luz

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