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Por fin en China

En mi tercera entrada a China de esta vuelta al mundo he conseguido hacer el espectáculo. He tirado de muchas cuerdas para llegar hasta aquí. Institucionales y privadas. Ninguna era la buena. Al final la que valía era la de Philippe Tzou, un miembro de couchsurfing a quien contacté en Shanghai. Él me dio un par de contactos de algunas Ong´s que trabajaban en esta metrópolis. Tras intentarlo con todas al final la cuerda que dio resultado era la de HandsonShanghai. Tres voluntarios me acompañaron el día previo del show para charlar con el director de la escuela y ofrecerle el show.

El barrio se encontraba al sur de la megaciudad. A una hora y media de coche-metro-bus… La escuela acoge a niños de chinos que no son de Shanghai. Esa circunstancia los convierte en ciudadanos con menos derechos que los demás chinos que han nacido en la ciudad. Sus hijos no pueden ir a la escuela normal y los propios padres se organizan para darles una educación a los niños de cierta calidad. Pero al llegar a 6º grado (aproximadamente 12 años) deben regresar a la escuela de su pueblo. Que en China puede ser miles de kilómetros de distancia. Esta ong trata de ofrecer actividades extraescolares a los niños que de otro modo recibirían una enseñanza mediocre. De ahí mi idea de acudir a la escuela a llevarles risas una mañana. Ahora el Gobierno les ha construido un pequeño campo de deportes y allí tuvo lugar el show.

Álvaro me acompañó para tomar fotos del show y son las que aquí aparecen. Las chicas de Handsonshanghai prepararon un bonito escenario y un joven alemán voluntario se encargó de la música. Casi lo hizo bien.

Las risas de esos niños fueron brillantes, espontáneas, profundas, frescas, inolvidables. Un concierto de risas en directo sin ensayos previos y sin partitura. Ya son más de 100 espectáculos los ofrecidos entre mi proyecto de Sudamérica y el de La Vuelta al mundo. Y casi siempre la misma incertidumbre antes de empezar: ¿les gustará? ¿Entenderán el humor? Esta vez no era diferente. Los niños chinos son educados en una férrea disciplina de aprendizaje donde la repetición es más importante que la creatividad. Donde no se pregunta porqué hay que hacer algo sino cuántas veces hay que hacerlo.

Tal vez los niños de estos trabajadores, clase social muy baja, sean más puros y espontáneos que los niños chinos que van a las escuelas oficiales del gobierno. Aún queda sitio para la risa.
Desde Shanghai , paz y bien, el biciclown.

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Sacando voluntariosEl escenario
 
 
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