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Presente negro futuro rosa

El tiempo no cuenta: es un comentario que hago en el dvd El Arte de Vivir del artista serbio Nenad Jovanovic. Y curiosamente lo he leído recientemente en un poema de Paul Valery. Me alegra haber llegado (ya hace casi seis años) a esa conclusión. Y ahora que acabo de cumplir 43 años de existencia me reafirmo. Pero no tanto por llevar vividos todos y cada uno de esos 43. Sino especialmente los últimos 7 u 8 que son los que he pasado encima del sillín. Porque han sido inolvidables por la intensidad de lo vivido. Millones de gracias a todos-as los que os habéis acordado de mi en mi cumpleaños. Se le queda a uno cara de tonto al ver tantos mensajes de gente que ni siquiera sabía que existía. Fue un día bastante rutinario y hasta con dificultades a la hora de buscar un lugar donde colocar la tienda por la noche. Pero saberme recordado me rescata del anonimato.

Estoy recorriendo el norte de China, la provincia llamada Inner Mongolia, y el protagonista de la vida aquí es el río amarillo. Sus ricas aguas convierten en tierra de cultivo todo lo que bañan y, con una extraordinaria canalización hay cultivos por todos lados. Y eso significa también presencia humana. Estos chinos de aquí, los han, no son tan curiosos como los tibetanos pero me he topado con la excepción.
Un tipo en moto, eléctrica, me seguía durante varios kilómetros. Tras satisfacer su curiosidad (básicamente nacionalidad y destino) me dejó en paz. También ayudó el hecho de que me di media vuelta ante su pegajosa sombra. Busqué unos árboles donde vaciar mi estómago. A punto estaba ya de bajarme los pantalones cuando veo venir al chino con la moto. Le muestro el papel higiénico y le hago señales (evidentes en todo el mundo menos en China por lo que se verá) de que voy a acuclillarme. Me doy media vuelta y, oculto de la carretera, suelto el primer óbolo. Desde esa posición, un tanto baja, no se porqué me dio por levantar la vista y girar la cabeza. Y ahí estaba el chino, a menos de tres metros, ofreciéndome un cigarrillo como si estuviéramos en un bar tomando una copa. Terminé (sin terminar) lo más rápido que pude y me fui a gritarle al chino cuatro cosas(en español porque hay todavía ciertos insultos que en inglés no domino). ¿Acaso se puede ser más cenutrio?
Esta provincia es también terreno propicio para el viento, amigo de los desiertos. Pero este desierto esconde bajo su piel de arena oro negro: carbón. Cientos de camiones me pasan a diario con su rastro de polvo sucio y sus antipáticas bocinas. El viento, aliado del demonio, me lanza toda la porquería a la cara , la bici y la ropa. Cualquier día el viento me sorprende y se pone a mi favor. Igual que los chinos, que un día dejarán de considerar la bocina como un instrumento musical.
Después de tres meses en China puedo dar fe (sin cobrar) de que los chinos hacen el siguiente uso del claxon:

  • – Antes de incorporarse a la vía principal, no miran ni se detienen, pero hacen sonar la bocina
  • – Antes de adelantarte, no utilizan el intermitente, pero tocan la bocina al menos tres veces
  • – Para saludarte no sacan la mano por la ventanilla pero te dejan sordo a bocinazos.

Debiendo rodar casi 110 kms diarios durante los últimos 15 días para salir de China antes de que me venza la visa, con viento y polvo en contra, autista a causa de los bocinazos, mi presente es más negro que el carbón. Pero en lontananza vislumbro un futuro rosa. Mongolia me permitirá pedalear de nuevo con viejos amigos que el camino ha juntado en las tierras de las inacabables estepas. Como canta Maria Rita, cada encuentro es también una despedida. El tren que llega es también el de la partida en esa estación que es la vida.

Los chinos miran más a mi karma que a mí. No estoy celoso. Tan sólo sorprendido. Creo que buscan el motor eléctrico. Algunos creen encontrarlo en el buje trasero, el Rohloff. Se quedan minutos y minutos mirando a la bici. Ella con arrogancia femenina (valga la redundancia) pone tierra de por medio.

Paz y Bien, Álvaro el biciclown.

 

melocontes para cenarUna leyenda del alpinismo: Ramón PortillaAtardece en Inner Mongolia
4 Comentarios
  • JM3
    Publicado a las 00:57h, 24 julio

    Hoy ha sido un día difícil para mí. Aunque te parezca estúpido, materialista y ridículo, el tribunal de las oposiciones para las que me he trabajado como si me fuera la vida en ello me ha dado una patada en el culo por una cuestión de forma, injusta. Todas mis ilusiones, el trabajo, el esfuerzo y el dinero de un año tirados por el suelo. Por eso me gusta tu manera de pensar. Por eso te sigo desde que te escuché en una radio y me compré el Kilómetros de Sonrisas recién sacado del horno. Porque la manera en la que tienes de describir tus vivencias me sirven para soñar en la vida sin ataduras que, como otros muchos soñadores, quisiéramos tener. Disfruta de tu libertad; yo soñaré con ella. Y mañana, a seguir luchando. Tú con tus pedales, yo con los míos, que aunque no giren, también necesitan movimiento. No dejes de escribir. Quienes tenemos sueños aburridos necesitamos los de los demás.

  • albeiro
    Publicado a las 03:13h, 24 julio

    hola alvaro solo queria decirte que eres mi idolo que eres un berraco te escribo desde colombia sur america soy amante como tu de las bicis y el algunos años estare rodando por suramerica te felicito eres grande muy grande un abrazo de todo corazon
    albeiro buga colombia

  • Eufrasio
    Publicado a las 00:30h, 27 julio

    Ya disfruté en su día, a tope, (como tu) con el Capitán Pedales y su vuelta al mundo, (que sigo releyendo).
    Pues imagínate lo que llevamos disfrutado contigo en los últimos 5 ó 6 años. ¡Alucinante!.
    Y la nueva web nos facilita el orden enormemente.
    ¡¡UN ABRAZO CARGADO DE FUERZA Y ÁNIMO desde Marbella!!

  • Luis Rodríguez
    Publicado a las 10:16h, 05 agosto

    En la cultura china no está mal visto “evacuar” con compañía. Los “aseos públicos” no tienen por supuesto asientos y los chinos se agachan sacando por delante de los paneles de separación verticales la cabeza para poder charlar con el de al lado. Cuestión de costumbres.