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Hambre de bota

Charles Chaplin tenía tanta hambre en una de sus películas que pensó que su bota era un pollo. Algo parecido me ha ocurrido estos días con algunas diferencias. Su hambre era digestiva la mía tenía más que ver con el otro sexo.

Necesitaba llegar a Meqen. Y descansar. La dieta del Tibet me está agotando. No es tan sólo un cansancio físico de subir puertos y recorrer interminables valles azotado por el viento y perseguido por perros. Es además algo sicológico. Aunque desde luego pasarse más de tres semanas, pedaleando con una bici bien cargada, a más de 4.000 metros debe fomentar el agotamiento. Pero llegué a Meqen. El último puerto, sin asfaltar, me hizo meter primera y ponerme de pie en la bici. Algo que rara vez debo hacer. La bajada era por una pista digna de Angola. Con tantos agujeros que la velocidad de los coches era parecida a la mía. La tormenta se veía venir. Dibujada de negro en el horizonte. Y descargó antes de que yo llegara a Meqen. Empapado busqué primero un lugar donde comer que un hotel. Tiene su lógica. Buscar un hotel lleva HORAS. Y hay que estar con las pilas bien cargadas para subir y bajar escaleras, entrar en habitaciones asquerosas (no me paso, es así), y discutir precios. Además los restaurantes suelen tener estufa y, mientras como, se me seca la ropa y la piel.
Entré en aquél restaurante porqué había más gente comiendo. Así podía elegir mi comida (la de cualquiera de ellos) sin tener que hacer mímica o jugar a los signos. Como todos comían lo mismo mi elección se simplificó enormemente. La camarera (eso pensaba yo, pues era la dueña) me sirvió agua caliente con una sonrisa. Vestía unos pantalones vaqueros que permitían intuir un tipo juvenil aunque por sus facciones rondaba los treinta. Me trajo la comida (con otra sonrisa más brillante aún) y… ahí quedó la cosa. Me fui a buscar hotel. Casi a la salida del pueblo encontré uno que no estaba mal aunque superaba con creces mi presupuesto diario. Costaba 7 euros. Pero no tenía que compartir la habitación con nadie salvo con mi Karma. Pero no tenía ducha, no ya en la habitación, sino en todo el hotel. No hay duchas. Normalmente te dan un termo de agua caliente para que bebas. Rellené mi bolsa de ortlieb de 4 litros con parte de esa agua caliente y con parte de agua fría y me encaminé a las letrinas. Al ser un hotel un poco más caro las letrinas tenían puertas. Con idéntico sistema ya me he duchado en otros que no tenían puertas.
Al día siguiente volví a aquél restaurante. Confieso que no fue solo por la comida. Al verme entrar la chica no pudo ocultar su hermosa sonrisa. Cuando quise pagar no me dejó. Aunque ni ella hablaba inglés ni yo mucho menos chino, me preguntó mi nombre y me invitó a cenar esa noche. Salí del restaurante pensando que Karma tendría que dormir esa noche en recepción.
Regresé por la noche y la chica se fue a llamar por teléfono. Dijo que a un amigo. Empezábamos mal. No me gustan los tríos salvo en el jazz. El amigo era un militar que entró sonriendo y que se vino directo a mi mesa. Agarró el ordenador y, utilizando el traductor de google, entabló conmigo una conversación. Para saber qué terreno pisaba escribí en google si ella era su novia. Me dijo que no. Bien, pensé. ¿Hermana? . Tampoco. Al final encontró en google la palabra que buscaba. Era su mujer. Pufffff. El pollo volvió a ser bota.
Estaban muy contentos de que yo hubiera aceptado su invitación de cenar. Pero no cenaríamos ahí. Nos fuimos a otro restaurante, LOS CINCOS. También invitaron al cocinero y a la camarera. Que eran además pareja. Así que, con Karma en recepción, el único desparejado era yo. Cenamos como yo no había cenado antes en China. Platos y platos de comida. Y todos deliciosos. No me dejaron pagar. Y la cuenta ascendía a más del doble de la caja del restaurante de la chica que me sonreía. Al irme, ya de noche, no permitieron que volviera andando y me metieron en un taxi (que pagaron).
Cuando llegué al hotel saludé a Karma que me miró por encima del manillar un poco despectivamente. No era para menos.Desde Xining, Paz y Bien, el biciclown.

NOTA: Felicidades a los pamplonicas (envidia me dan estos días con sus fiestas en las que yo solía actuar de payaso callejero) y felicidades al Dalai Lama, que hoy cumple años fuera de su tierra.

 

Alfalto para variar y subirTienda con parabólia
Lagos de glacier
6 Comentarios
  • Nenad Jovanovic
    Publicado a las 12:38h, 06 julio

    La generosidad no es cuando se dá lo que le sobra a uno, si no, cuando lo que uno tenga se comparta. No me extrañaría que estos chinos rían más a menudo que nosotors, aunque dispongan de menos bienes materiales. ¡Yo me considero una persona alegre!

  • Raúl "Fatarrell" (jajaja!)
    Publicado a las 09:10h, 11 julio

    Álvaro, ya sabes cual es la que siempre está ahí. Yo me vi un año nuevo, de chaqueta, brindando champán, solo en casa, con “ella” (Una Scott Comp Racing, del ´95?). Luego salí con la novia por ahí, pero te digo que ese fin de año no lo olvidaré nunca, en cambio, con los que tuve con la novia de entonces, sí.

  • Cristina
    Publicado a las 04:30h, 14 julio

    Hummmmmm!!! que fiasco, pero que amables!!!! Esperemos qye haya mas suerte en Shangai!!!Igual , el amor espera a la vuelta de cualquier rincon del camino. Un abracisimo de los rosarinos…

  • Santi Villanueva
    Publicado a las 14:05h, 14 julio

    Estos sanfermines me acorde de tí, de tu visita de payaso pasajero, de nuestros años en la unav con nuestro inter-rail para poner fin, bueno ha llovido mucho y algunas canas tenemos pero te deseo lo mejor, PAZ Y BIEN tambien para tí.

  • uno que lee
    Publicado a las 09:33h, 19 julio

    Bonita historia pero desgraciadamente cotidiana por tierras chinas. 🙁

    Las bellezas chinas se equiparan con la juventud occidental.

  • stefanie
    Publicado a las 14:31h, 09 mayo

    Alvaro, hoy me toca ser jurado de un festival de cine y resulta que entre todas las peliculas a evaluar esta “el biciclown”…wow hermano, que la locura siempre te lleve por caminos de tanto color y dulzura. un 10 para vos y tu pelicula.