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El tigre no pasó por Dali

Algunas noches aún debo quemar las espirales que ahuyentan a los mosquitos. Y eso que estoy a más de 2.000 metros de altura. ¿Será cuestión de subir a los 4.000? No creo que sean portadores de malaria pero molestan más que un yak, que es lo que uno esperaría encontrar por estos pagos. Más que la malaria me preocupa ahora la Girardia, o como se diga. Una bacteria hallada incluso en el agua más trasparente y generalmente trasmitida por los animales.

Debo filtrar todo el agua o beber la que, caliente, aguardan en viejos y enormes termos en los restaurantes. A los chinos les gusta más el agua caliente que a un tonto una piruleta. No hay chino que no camine con un pequeño termo con agua caliente al que le echan unas hierbas que llaman te. Yo prefiero el café. En Yunnan hay excelente café pero como sólo lo consumen los turistas su precio anda por las nubes. Más o menos por donde me encuentro.
He visitado dos ciudades impresionantes estos días. Dali y Lijiang. Sus cascos históricos, sobre todo el de Lijiang, me recordaba a Hoi An (en Vietnam). Aunque cada comercio era una tienda en el que te vendían algo que no necesitas, la ausencia de coches y de motos por sus calles, hacía que el paseo fuera agradable. Lijiang especialmente, con sus arroyos de claras aguas poniendo música a mis pasos. En esos arroyos los locales no tenían ningún inconveniente en lavar la ropa, tal y como han venido haciendo desde tiempo ancestral. Ante la mirada atónita de sus compatriotas venidos de Pekin o de Shangai a contemplar una de las ciudades más emblemáticas de la provincia de Yunan.
El triciclo está más extendido aquí que la bicicleta ordinaria. En el trasportan mercancías por la mañana y a los niños por la tarde. Las mujeres pedalean que da gusto en esos triciclos sin marcha y con freno de mano. Aunque ya empieza a haber quien le ha conectado una batería para avanzar sin dar pedal. China es el único país, de momento, donde he visto a una carreta de caballos y un coche eléctrico compartir la luz roja del semáforo.
Salí de Lijiang con intención de recorre la garganta del tigre. Así llamada porque dicen que en su huida de un cazador un tigre saltó la parte más estrecha de ese impresionante cañón. Veinticinco metros de salto. Una mentira que todos adoran contar y que sirve para cobrar 30 yuans a la entrada (casi 3 euros). Tal vez por ir pensando en qué contarle al de la taquilla para no pagar es que me perdí. No vi el desvío que deja la ruta que lleva a Shangri-la y que parte hacia la garganta. También ayudó la falta absoluta de señalización en inglés. Lo cierto es que hice 100 kms de más. Y resulta que cuando llegué no había taquilla. Casi ni garganta. Tigre ni rastro of course. Están reparando la ruta y el camino está cortado. No es que te prohíban entrar pero te dicen que es muy peligroso… Lo único que es es polvoriento. Si, es cierto, hay dos pasos en los que el precipicio está a menos de medio metro y las constantes voladuras pueden hacer que no veas nunca más un tigre, pero más peligrosos me parecen los chinos conduciendo. Y sobre eso no hay avisos.
Cargando con los bultos en la mano (tres viajecitos) en algunos tramos llegué hasta el final de la garganta. Allí el camino sube hasta 3.700 metros para, tras otro puerto de semejantes números, llega a Shangri-la. La mítica ciudad que parece ser el escenario de la novela Horizontes perdidos y que ahora China quiere convetir en un boom turísticos. Tanto que ya le ha cambiado el nombre a Zhondiang, que es como se llama la ciudad. Está a las puertas del Tibet y los hombres con largos , lacios, y negros pelos ya se dejan ver por las calles. También las ruedas de oración, el olor a incienso…, no se, a mi estos tibetanos me caen bien. Con lo grandes que son y lo inofensivos que parecen. Al menos tienen, y practican, una religión. Eso siempre da cierto norte a la vida de una persona o de un pueblo. En cambio los chinos no se sabe qué practican, salvo el comercio. Es obvio que la religión católica no podía triunfar en este país. A ver quien les dice que cierren los domingos la barraca. Y menos la musulmana. Eso de parar 5 veces al día para rezar…
Yo paro solo para avituallarme, descansar las piernas y currar en la nueva web. Espero que pronto la podamos ver. Creo que va a ser una de las mejores webs de viajes y payasos que existen. No solo por el contenido (que trato de actualizar al máximo) sino por el diseño y la navegabilidad.
Lo del concurso de facebook no resultó. La gente, en un intento de ayudarme, votaba con perfiles falsos y hacía cosas no del todo legales, y los organizadores decidieron no darme el premio. En todo caso os agradezco vuestros desvelos votándome y se que lo hicisteis por una buena causa.
Ahora a explorar Shangri-la y a descansar, porque lo que me toca pedalear ahora es una de las partes más duras de mi vuelta al mundo: el Tibet.
Paz y Bien, Álvaro el biciclown

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