Login

Register

Login

Register

Recibe noticias del Biciclown cada mes

Redes sociales

Javi Grossi in memoriam

Durante la época en la que opositaba a Notarías en Oviedo le conocí. Una radiante sonrisa y una vibrante energía eran las características más notables de Javi Grossi. Una tarde africana encontró la muerte en un accidente de coche mientras realizaba labores de voluntario. Era un chico de mi edad. Era mi amigo. Se fue. Todos nos iremos pero a él nos lo arrancaron de cuajo.

Javi Grossi era profesor en la Universidad de Psicología de Oviedo. Al igual que Héctor, a quién conocí recientemente en Bangkok. Héctor me propuso actuar en una villa indígena en las montañas de Ratanakiri al noreste de Camboya en un proyecto de la Ong para la que trabaja: Psicólogos sin Fronteras. Un proyecto de la Universidad de Oviedo. Tomé con interés esa propuesta porque para mí podría servir además para rendir un silencioso homenaje a mi amigo Javi.

Los minutos previos a comenzar el espectáculo me di una vuelta por la aldea en donde ofrecería mi trabajo de payaso. El sol se ocultaba entre una nube de polvo levantado por los bueyes y los cerdos que se movían libremente por entre las chozas. No había alrededor un poste de electricidad, ni una canalización de agua, nada que pudiera recordarme que estábamos en el año 2.010. La escena se hubiera representado igual en 1.910. Enlacé mis manos detrás de la espalda, cerré los ojos y pensé en Javi.

Necesitaba su reluciente sonrisa para sacar adelante ese espectáculo que, por otro lado, quería dedicarle a él. Los niños se mostraron, más que tímidos, huidizos desde nuestra llegada. En dos coches habíamos trasportado por un camino abierto en la selva los altavoces y el resto del material para el espectáculo. Si en otros lugares la llegada de blancos y de coches hubiera significado un arremolinamiento de criaturas curiosas alrededor, en este poblado Tampoun se hizo un claro de diez metros a la redonda. Las mujeres que regresaban del bosque con sus canastos de mimbre a la espalda cargados de hojas de plátano encendían sus pipas curiosas y escépticas. Ni siquiera la responsable en el terreno de la Ong, Imma, daba un duro por las risas. El día antes, en la reunión preparatoria, me había dicho: ?No te preocupes si no se ríen?. Pero claro que me preocupo.

Si con un payaso el público no se ríe es como si a un arquitecto se le derrumban los edificios o a un médico se le mueren los pacientes. Poco a poco fui acercándome a los chicos con más tacto con el que un profesional desactivaría una de las tantas minas que aún están sembradas (de muerte y mutilación) en Camboya.

Con la paciencia con la que un cantero tallaría un elefante en una roca, con la suavidad con la que una madre secaría a su hijo tras el baño, y? con la ayuda de Javi Grossi.

El escenario eran unas precarias tablas de madera y la iluminación tres bombillas de 220 W. En la parte que yo camino sobre mis manos casi me mato porque mi mano izquierda se coló por entre dos tablas. Sin la generosa participación del público no hubiera habido tanta diversión, pero conseguirlo no fue cosa fácil. Incluso para sorpresa de muchos el público aplaudió. Una reacción de reconocimiento al artista muy occidental pero ignorada en estos pagos. El espectáculo fue a decir de todo el mundo un éxito. Se rieron a carcajadas y no querían que acabara. Niños y niñas (la mayoría sin escolarizar y más sucios que la piel de un búfalo tras retozar en el barro), adultos y jóvenes del poblado hicieron resonar en la selva la risa.

De selva va quedando poco a costa de una labor meticulosa de rapiña y desbrozo con la que pretenden convertir este lugar de Camboya en una plantación gigantesca de caucho. Privando a los indígenas de su hábitat natural. Si a un indígena le talas la selva es como si a un pescador le secas el mar o a un político de Camboya le quitas el móvil. Su vida se extingue lentamente. Gracias a la Ong Psicólogos sin Fronteras de Banlung (Camboya) por su apoyo para el espectáculo, a todo su encantador personal, a Bea (de quién os hablaré otro día), a la comunidad Tampoun y un gracias especialmente a Javi Grossi por prestarme su cautivadora sonrisa. Nos veremos un día mi amigo.

Paz y Bien, Álvaro neil, Banlung.

La risa es un milagro musical
Haciendo un elefante de roca

 

1Comentario
  • Rosbon
    Publicado a las 21:46h, 09 julio

    GRaaaande Hermano Cicloturista!! Muy bela su historia!!! sucesso e permaneça gastando goma pelo mundo afora…

    queda-te com Dios e se quiseres venir para Brasil haverá inumeros lugares belissimos para comenzar una viaje pela hermosa America Latina!!!

    CicloAbraços!!

    Att.

    Robson .. El engenero ciclista….. jajajaja…