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Otro país dolorizado

A las cinco de la mañana las putas y los turistas se dan cita en las céntricas calles de Siem Reap. Pero para desconsuelo de aquéllas los turistas, ataviados con gorro de paja y gafas de sol, se suben al pequeño autobús que los aguarda a la salida de su hotel tres estrellas. Las camboianas, de labios sensuales y ojos rasgados, que no han pillado su cachito de dólar con patas a las cinco de la mañana deberán aguardar al día siguiente.

La cantidad de organizaciones que trabajan para evitar abusos infantiles es proporcional al número de niños que venden postales, flores o que recogen basura en la calle. Es delito acostarse con una chica menor de dieciocho años. También lo es que un policía te pida un par de euros más por tu visado de Camboya al cruzar la frontera. Muchos de ellos pagan por ser destinados al paraíso de Poipet. La frontera camboyano-tailandesa es un teatro vivo. Uno de esos lugares en los que uno se puede sentar a ver pasar la vida.

Mi dieta alimenticia ha empeorado notablemente en Camboya. Todo es más caro y mucho menos higiénico que en Tailandia. Ya no me dan agua en los restaurantes. A lo sumo te verde. El hielo no viene en cubitos perfectamente cuadriculados sino en trozos de piedra que han sido partidos con cuchillo sobre una tabla vieja y trasportados en el asiento de una moto en directo contacto con la suciedad. En los, escasos, supermercados de Siem Reap el precio de los productos aparece marcado en dólar. Y al hacer la conversión a la moneda local me doy cuenta de la inflación. Si en un pequeño establecimiento de comidas preguntas el precio de un plato o de una coca-cola escucharás posiblemente: UN DÓLAR. Al dar media vuelta e irte en seguida bajará un poco la puja pero siempre te sentirás turísticamente estafado.

La concentración de pieles blancas, rollizas, que pueblan el centro de Siem Reap es una de las mayores de Asia. Los turistas de tour de autobús no discuten el precio. Ellos, y no los locales, son los causantes de la dolarización del país. Acostumbrados a pagar 4 dólares por una cerveza en su casa, cuando les piden 1, sonríen y brindan con su compañero de viaje diciendo: Por Camboya.

Las ruinas de Angkor es la razón de que la mayoría de los turistas vengan a este país. La entrada al recinto es una de las más caras que yo he pagado en mi vida por visitar un lugar turístico. 40 USD por tres días. 20 USD por un día. He optado por la primera opción. Ayer hice más de 80 kilómetros para visitar el complejo religioso más grande del mundo. Una extensión que casi todos los turistas recorren en bus o en moto. Hacerlo en bici te permite tener mayor conocimiento de las distancias y poder interactuar con los locales. Beber jugo de caña, comer sandía y ver a los colegiales acudiendo en la bici de su hermano mayor a la escuela. En bici tú eres parte del paisaje. En moto o en coche el paisaje pasa delante de tus ojos como un film de televisión. No eres actor sino espectador.

He encontrado un maravilloso hotel familiar, limpio y tranquilo, donde por 2 euros puedo trabajar en los contenidos de la web nueva y preparar el próximo espectáculo. Será en las montañas de Ratanakiri. Al noroeste del país. El día 17 de marzo y organizado por Psicólogos sin Fronteras. Aún estáis a tiempo de reservar vuestra localidad. No digáis que no aviso con tiempo.

Desde Siem Reap, Paz y Bien, Álvaro el biciclown.

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