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Primer barco que pincha

El veintitrés de octubre debía llegar a Kupang para tomar el barco rumbo a Makassar. Por tal motivo abandoné Dili un poco precipitadamente, sin tiempo para aceptar la invitación del Presidente de Timor Leste, Don Jose Ramos Horta, de cenar en su residencia. Doble delito a registrar en mi hoja de antecedentes penales: rechazar una comida y una conversación que prometía interesante.

En el barco Nakroma llegué a Oecussi, un enclave de Timor Leste en medio de Indonesia que tiene la importancia histórica de haber sido el lugar donde los portugueses echaron pie a tierra el dieciocho de agosto de 1.515. En el lugar donde presuntamente atracaron hay una cruz protegida por dos cañones. Estupendo lugar para hacer un picnic con la sombra de los tamarindos ejerciendo de fieles guardianes. Acompañado de Marta y de Gerard me entretuve unos días en Oecussi a contar estrellas por la noche. Algo muy fácil debido a la falta de alumbrado público. En la casa, frente al mar, que Anna Lissa nos prestó encontré un mapa que ha cambiado mi destino. Anna Lissa había pasado unas vacaciones en Nepal y se había traído (para mí, aunque al comprarlo entonces lo ignoraba) una mapa de Lhasa a Katmandu. Tibet es un lugar que me atrae tanto como las piernas de la protagonista de la película El marido de la peluquera. Pero aquél es más accesible, aunque no exento de mil restricciones por parte de los chinos. Todos los nómadas ciclistas aguardamos a que China levante las restricciones para entrar en Tibet, y pensábamos que tras los J.J.O.O. habría bandera blanca. No está siendo así. Y mi sueño de entrar en Tibet estaba siendo pospuesto injustamente. Al desplegar el mapa de Lhasa a Katmandu en la mesa de la cocina de Anna Lissa comprendí que era hora de entrar en el Tibet y dejar de aguardar a que la vida encontrara margen para eliminar las restricciones. No voy por lo tanto a pedalear por Australia en el 2.010 como tenía planeado. Cambiar de planes es beneficioso para mi libertad. No tiene contraindicaciones y es una manifestación de que el rumbo de mis pasos sólo lo dirige mi intuición. Así pues llegué a Oecussi con rumbo a Australia y salí de Ocussi con dirección Tibet. Será para el verano del 2.010 que echaré la bici a andar por el altiplano tibetano, por la noche, para burlar los controles chinos.
Cuando llegué a Kupang, en el oeste de Timor, mi amigo Eric me comunicaba la noticia que sirve para titular esta historia. Han cancelado mi barco a Makassar del día 23. El siguiente es el día 4 de noviembre. Es normal que viajando por el archipiélago indonesio, uno proponga y Pelni (la compañía naviera de bandera local) disponga. Navegando en la hoja de información de Pelni encontré que no había más que aguardar. Pero otra compañía naviera me podría llevar a Alor, una isla al norte de Timor. Y allí tenía un contacto. El hermano de Nathan, que me había alojado en Bandung (Java), vivía en la capital Kalabahi. Sólo 17 horas de barco y podría poner los pies en otra isla en la que la vida más interesante discurre en sus arrecifes coralinos.
Tal vez en la próxima historia os lo cuente, Hasta glugluglug, Lueglugluglugo. Pez y Bien, Álvaro neil el biciclown.

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