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Cuidado, es ramadám

Que alegria dejar atrás la isla de Java. Una isla con más de 100 millones de habitantes no puede traer más que exceso de vehículos, de suciedad, de ruido y de problemas. Afortunadamente he encontrado muy buena gente que me ha ayudado en el camino. Como los chicos de Solo o los periodistas de Jombang que me dieron hasta una pequeña fiesta con una danza tradicional la noche de mi llegada. El danzarín era uno de los periodistas que, tras ir a cambiarse y a maquillarse, más bien parecía un maniquí.

Llegué de anochecida y lloviendo al puerto de embarque hacia Bali. Los de seguridad me dieron un pequeño cuarto, recién pintado, para pasar la noche snifando pintura. A la mañana tomé el barco que me dejaba en otra de las miles de islas de Indonesia. Pero esta bien conocida. La isla de Bali. La primera vez que oí hablar de esta isla yo tendría unos catorce años. Uno de mis tíos, que ha sido como un padre para mí, se casaba con una bella extremeña y se iba de viaje de novios a Bali. Quedaron enamorados de la isla y regresaron tantas veces que acabaron trabando amistad con los locales. Uno de ellos, Tri, les visitó en San Adrián (Navarra) uno de los veranos que yo pasé con ellos trabajando para pagarme los estudios en la universidad. Recuerdo que Tri era de piel muy oscura, bajito, pero no recuerdo mucho más. Tri me está esperando en Bali. Desde que supo por mis tíos que yo llegaba a su isla ha tratado de hacer todo lo posible porque mi estancia aquí sea placentera. Ha viajado varias horas en coche para encontrarme en el norte de la isla y acompañarme hasta la capital. Aunque le cuesta entender que no quiera meter mi bici en su coche, nos veremos de nuevo en Denpasar dentro de unos días. Y allí podré volver a ver otra vez a Jean Beliveau, el caminante (www.wwwalk.org) y a Salva, otro español que lleva varios años de vueltas por el mundo.
Al no ser Bali una isla predominantemente musulmana, sino hindu, creo encontraremos las cervezas necesarias para brindar por nuestras penas y nuestras alegrias. He acabado un tanto saturado de los musulmanes en Indonesia. Ni son tan hospitalarios como sus hermanos los iraníes, ni son tan calladitos como los budistas ni tan alegres como los hindues. Si tuviera que elegir una religión a la que adscribir mi espíritu posiblemente me afiliaría al partido Budista. Me parecen los más moderados en sus exigencias. Practicamente lo único que piden es silencio. Pocos ritos y silencio. Incluso cuando hacen abstinencia lo hacen de manera moderada y sin riesgo para la salud. Ahora que es época de Ramadam en países musulmanes he vuelto a experimentar cuan perjudicial puede ser para la salud. No beber agua durante el día en países con 40ºC, no comer de sol a sol y sin embargo llevar un vida ordinaria de trabajo es una temeridad. Imaginar un conductor sentado 8 horas al volante sin comer ni beber en todo el día. Así ocurren más accidentes de los que ya de por sí acontecen. En las escuelas los niños van a clase solamente un par de horas. Los restaurantes cierran por el día y sólo abren por la noche. El país está paralizado en términos de eficacia aunque los negocios permanezcan abiertos. Es normal llegar a un Internet y que el dependiente esté durmiendo encima del teclado y con la mano conectada al ratón como si fuera el hilo conductor por el que recibe el aliento necesario para respirar.
Desde la orilla del mar, Paz y Bien álvaro el biciclown.

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