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Cuestionario de paciencia

Casi todos los pueblos de Sumatra que cruzo son lineales. Todas las casas están al borde del camino como si la carretera fuera un hilo de comunicación para los vecinos. Pero además es para ellos un canal de televisión. Desde primeras horas de la tarde hasta que cae el sol, padres e hijos comparten la parte más esencial del hogar: el porche. El hombre no deja de fumar y la mujer se arregla el cabello. Bien mirado parece que tienen la vida resuelta. Viven sin reloj.

En una de las casas por las que pasé la chica estaba durmiendo la siesta en la silla. Cuando abrió un ojo y me vió pasar delante de su casa, creo que era el derecho, no pudo reprimir preguntarme: What is your name? Es increíble esa conciencia por socializar con el turista que tienen estos indonesios. A mi el Hello Mister y el How are you ya me tienen un poco harto. Más que nada porque es para ellos un juego. Hacer la pregunta y echarse a reír es todo uno. No les importa si les contestas, en su lengua o en inglés, ellos han formulado la pregunta al turista que, ese mes, ha pasado por ahí en bici. Logicamente a los surfistas que vienen a Sumatra a surfear no les ven el pelo, pues del autobús se van al agua. Quedamos solamente los ciclistas para que ellos practiquen inglés.
Pero no puedo agotar la paciencia por esas preguntas. Las cuestas de Sumatra son el verdadero test de paciencia. En mi vida he visto rampas tan descomunales. Ni que decir tiene que ya he tenido que doblar el espinazo para empujar a Karma. Lo peor que nos puede ocurrir al ser humano es tratar de buscarle lógica a las cosas. Por qué nos dejó aquélla chica, por qué murió un amigo, por qué hay cuestas en Sumatra? Y es que tras la rampa de 200 metros hacia arriba se viene la bajada que pone a prueba los mejores frenos. Abajo siempre hay un puente esperando, cuyo asfalto está roto, con lo que la velocidad de la bajada no puede servir para la siguiente subida. Hay que comenzar de nuevo. Zim, zam, zim, zam?mientras los chorretones de sudor dejan calada la camisa. Al día siguiente no habrá otra que ponerse la misma camisa, aún empapada, pues la humedad de la noche no la habrá permitido secarse. Y lo mismo con los pantalones y los calcetines.
En algunas noches he tenido pesadillas con esas rampas. No sabía cómo iba a sacar fuerzas al día siguiente para superarlas. Las innumerables motos me pasan tocando la bocina no se muy bien si para ayudar o para jod?La lluvia siempre está lista para caer pero nunca refresca. En el mapa las distancias parecen cortas pero son ilusorias.
No quiero pensar cuantas cuestas más tendré que subir, cuantos puentes más deberé cruzar, cuántas veces me volverán a decir Hello Mister, sólo se que el camino no es fácil pero que es lo que yo elegí. Yo apenas busco mi condecoración diaria en forma de arroz frito con huevo: de lo poco no picante en Sumatra.
Día 1708, Paz y Bien, álvaro neil, biciclown (and karma of course)

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Hay días que mi vida ardeBici atracción
1Comentario
  • Juan Carlos
    Publicado a las 04:01h, 02 marzo

    Una fixie brutal! 😀