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Sila y un secreto

El secreto es con quien pasé tres días en la isla de Ko Samui. Desvelarlo es quebrar la promesa que le hice al partir, cuando el barco calentaba motores y yo iba enfriando los míos. Fueron tres días dulces como algunas frutas que solo nacen en esta tierra. De coraza dura y contenido jugoso y refrescante. Mi idea era quedarme unos días en Ko Thao, pero a la vista del ambiente de turista tatuado y alojamiento por diez euros, prefería partir a Ko Samui. La lluvia tampoco hacia merecer más la estancia.

Me aproximo hacia el Sur de Tailandia por la costa este y la presencia musulmana empieza, tristemente, a dejarse ver. Y digo tristemente porque es una pena que tan bellas mujeres anden ocultando su rostro detrás de un pedazo de tela negra. La maravillosa sonrisa tailandesa se desdibuja bajo el peso de una religión muy poco femenina. Por qué será que el ser humano tiene que tener un Credo? No basta cumplir con algunos valores morales, como la Sila?

Para los budistas la Sila son un conjunto de cinco reglas que aseguran, de cumplirse, paz en la comunidad:

-no apoderarse de otra vidas
-no tomar nada que no te sea dado
-abstenerse de mala conducta sexual
-no mentir o decir malas palabras
-no tomar bebidas intoxicantes

Aunque los budistas de Thailandia observan relajadamente algunas de esta cinco reglas. Ellos no matan el pollo pero no lo desprecian cuando llega a la mesa dorado con salsa de soja y patatas cocidas. No beben alcohol pero algunos parecen chimeneas fumando. Pero todos los que me he topado son buena gente. Muy buena. Casi todos los hombres tailandeses cumplen la obligación natural de vivir como monjes unos meses de su vida. Durante ese tiempo observan la Sila. Muchos dejan su trabajo y familia, temporalmente, para cumplir con tal deber. Hasta el octogenario rey de Tailandia vivió como monje. Por las mañanas, a las cinco y media, caminan por el pueblo con la olla vacía esperando que alguien les detenga para darles comida. Una hora más tarde regresan al templo y comen. A mediodía comerán de nuevo y no lo harán otra vez sino al día siguiente. Los templos son espaciosos y están siempre rodeados de hermosos jardines en los que los pájaros cantan sin cesar. Muchos perros y gatos vagabundean por los senderos sabedores de que su vida no corre peligro con los monjes. En esos templos, más de 35.000 en Tailandia, acostumbro a buscar refugio cada noche. La mayoría de los monjes no hablan inglés. Me dan un cuarto y a la mañana antes de irme, algo de comida incluso. En el último templo en el que pasé la noche en Rob Phibun, el monje me dijo si tenía dinero. Ante mi cara de susto pronto llegó con la aclaración. No me pedía dinero por haber dormido allí, sino que me estaba ofreciendo, si yo quería, algo de dinero. Me subí a mi Karma y me fui riendo. Si los tailandeses son buena gente estos monjes son pan con queso.

Día 1644, Paz y Bien, álvaro el biciclown, camino de Malasia

Mi habitación en el temploSerpientes de arena
Clown a remojoEl sol abrasa
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