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En parte se acabará la mala racha

Este tipo de vida que llevo me da tiempo para pensar. Aunque son muchas horas al día encima del sillín, resguardando mi vida de conductores estúpidos, cuando llego a la ciudad en la que hago parada y fonda, me detengo a pensar en cómo van mis días. El ahora, el ayer y el mañana. Me siento como un capitán dirigiendo un barco y de cuyas manos depende el rumbo a seguir. Y mi camino, igual que el de los barcos en la mar, no sigue líneas marcadas, ni se rige por otra guía que la de mi corazón y mi intuición. Y fue en uno de esos pensamientos con una taza de té con leche en la mano que descubrí que estoy contando las horas para salir de la India. Y es terrible reconocerlo pero sería peor engañarme.

En mi vida de nómada solo he sentido esa necesidad en otra ocasión. Fue en Etiopía. Allí las piedras arrojadas constantemente por niños y adolescentes me hicieron soñar en salir del país. En India es la falta de respeto al ciclista. Más que al ciclista la falta de respeto al ser humano. No quiero extenderme en un sentimiento que no es agradable. Pero mientras apuraba ese te con leche al borde de la ruta un camión se estrelló justo al otro lado de la pista. A menos de diez metro de mi. Si en vez de dormirse a la izquierda se hubiera dormido a la derecha me hubiera matado. La gente fue a sacar al conductor y al copiloto que, si no murieron por el choque, murieron por el rescate. Los agarraban de los brazos y las piernas como si fueran carneros degollados. No había cariño por ningún lado.
Pero otro pensamiento con el segundo te con leche, pues las tazas aquí son diminutas, es que hace el mismo tiempo que no veo una alta cumbre como el que no veo un pecho de mujer. Además de las notorias similitudes físicas entre ambos promontorios existen otras.
Por ejemplo que cuando andas recorriéndolos, ya sea una alta montaña o un firme pecho, te falta el aire. Por más que abres la boca no consigues respirar con normalidad.
Pero mañana entraré en Bhutan y se terminará la mala racha. Bhutan me aguarda con ocho pasos de montaña superiores a tres mil metros de altura. Dicen que la primera carretera se construyó en 1962 y que casi no hay circulación. Creo que no me lo voy a creer. Agobiado de los bocinazos en la India (hasta los camiones tienen escrito en la parte trasera, PÍTAME POR FAVOR), no me voy a creer pedalear sin ruido. Pero ya tendré tiempo de poneros los dientes largos con el último reino de los Himalayas.
De momento una serie de indicaciones por si alguien tiene pensado venir a la India en bici o a hacer turismo:
– la gente está tan acostumbrada a los bocinazos que nadie les hace caso. Salvo en la ruta. Si ven venir un camión se apartarán, pero en las calles de los pueblos no.
– Cuando un coche se incorpora no solamente no cederá el paso sino que ni siquiera aminorará la marcha. Es obligación del que circula por la vía principal la de hacer sonar el claxón para que el otro sepa que debe parar o esperar.
– En los restaurantes no hay vasos sino solamente jarras. La gente bebe a morro sin tocar la boca de la jarra, mas siempre hay alguien con mal pulso. Tampoco hay cubiertos y muchas veces ni platos. Te dan los alimentos en una hoja, bueno media vale, de periódico.
– Es normal que al entrar en el restaurante la gente te mire y se ría en tu cara. Los más educados se dan la vuelta para reírse.
– Si al terminar de comer se acercan, sonriendo, para darte un poco más no debes aceptarlo. No es un regalo, pues luego te cobrarán medio plato más.
– Al pagar y salir, la pregunta que le harán al dueño del restaurante es ¿Cuánto le has cobrado?
– Los Cyber cafes hacen una copia de tu pasaporte pues, según orden del gobierno, quieren controlar a los posibles terroristas cuando estos bajan del hotel a hacer uso del Internet.

Dicen que el sur de la India es mejor que el Norte. Me lo creo. No hace falta que sea muy diferente para que sea mejor. Lástima que estos hindúes hayan consumido mi paciencia. Aunque mi amigo Salva me escribe desde el sur para corroborar mis pensamientos del te con leche.
La mala racha, tras jornadas de pedal y pedal, se acabaré (en parte) mañana. En Bhutan hay montañas y dicen que pechos de mujer.
Paz y bien, álvaro el biciclown.

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Surf en la tierraDulces indios
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