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Salvavidas de tierra adentro

De su pecho no cuelga un chaleco salvavidas, ni un silbato, ni un gps. Tampoco ninguna medalla. Solo una cruz que, juguetona, se instala a veces en el hueco de sus omoplatos. Si a algunos voluntarios la visita al Centro de la Madre Teresa en Calcuta les cambia su forma de ver la vida, a Das le ha cambiado su vida. Tras trabajar veinte años en ese centro, codo a codo con su fundadora, decidió abrir un proyecto a las afuera de Calcuta

La idea original es la misma que la de la Madre Teresa, a quien respeta enormemente y de quien no se considera ni su sombra: dar una opción de vida a quien la ha perdido. Con su coche va recogiendo los mendigos y gente desahuciada que ha hecho de la calle su vivienda. Les ofrece un lugar para dormir, comida y medicinas. Pero no les obliga a dejar la calle. Solo cuando alguien está en peligro de muerte lo mete por la fuerza en el coche. Cuando me vino a recoger a Calcuta para ir a ver su proyecto en Ashabari, donde yo debía actuar el domingo, detuvo su coche al borde del camino. Acabábamos de pasar a un hombre que, con las piernas deformadas, iba arrastrándose por la vereda. Con las manos impulsaba su cuerpo y, cada metro, empujaba una bolsa que contenía sus pertenencias. Un caracol le acababa de adelantar. Das se agachó para hablar con él y regresó solo al coche. Según me comentó, el hombre rehusó su ayuda, con lo que proseguimos viaje.
Aproximadamente 60 mendigos viven en el centro que ha levantado con los fondos que algunas ONGs le han proporcionado, como www.calcutaondoan.org. Y dice aproximadamente porque cada mes mueren dos personas y cada día que Das va a Calcuta regresa con nuevos inquilinos en el coche. Das es católico, su sobrino es cura, y él fue hermano hasta que Lili se cruzó por su camino (¡argumento a mi favor para no salir del camino!) Pero la religión la ejerce de puertas de su casa para adentro. No está aquí para convertir almas sino para curar heridas, alimentar cuerpos y darles reposo. Consciente de que vive en una sociedad hindú y también en una villa con muchos musulmanes, no quiere herir sensibilidades y no habla de religión con los habitantes de su residencia. La estancia aquí es libre y gratuita. Nadie es forzado a permanecer más de lo que desee. No hay muros ni rejas ni candados. Nadie está obligado a trabajar en la huerta o con las vacas. No hay más reglas que respetar a los demás.
Los sábados por la mañana hay además un dispensario de salud abierto. Al principio 800 personas, generalmente mujeres, lo visitaban. Pero desde que Das ha empezado hace cuatro años otro proyecto la cifra ha disminuido en más de un 60%. Un proyecto de ayuda a grupos de mujeres. Es tan sencillo como mágico. Grupos de 15 mujeres se asocian para poner, cada una, 10 rupias a la semana (1 euro 66 rupias). Aunque algunas solo consiguen poner 5 rupias. Al cabo de unos meses lo ingresan en el banco. Cuando una de ellas necesita dinero para medicinas, comprar una bici, pagar la escuela de su hijo?., pide un préstamo a sus socias (sus vecinas al fin y al cabo) que, en asamblea, deciden si se lo otorgan. La beneficiaria determina el plazo en que devolverá el dinero con un pequeño interés que ingresarán también en la misma cuenta bancaria. Como la cuenta bancaria va creciendo el grupo de mujeres acude al banco a pedir un préstamo que lo concede sin demora. Algunas han conseguido préstamos de 1.000 euros. La mujer es mejor pagadora que el hombre. Y de este modo la mujer se torna en el centro de la economía familiar adquiriendo un poder y una confianza inusitada. Ahora hay más de 3.000 mujeres en este proyecto de Das. Él no interviene salvo para dar apoyo técnico y consejo. Una vez a la semana varios voluntarios visitan todos los grupos de ayuda a mujeres. Unos 172. Y aprovechan para darles consejos y controlar que todo vaya bien. Estos voluntarios, jóvenes en su mayoría, son los únicos que cobran algo. Como la mujer ha devenido pieza importante en la sociedad y es consciente de lo importante de la educación, la salud y no casarse demasiado joven, el dispensario de los sábados solamente recibe ahora la visita de 250 personas.
Muchos voluntarios de España, fundamentalmente del País Vasco, han venido aquí largas temporadas a colaborar. Es el lugar adecuado para todos aquéllos que no deseen protagonismo ni medallas, para todos aquéllos que entienden que antes que la religión está el sobrevivir, para todos aquéllos que creen que la vida no vale nada.
Yo he venido simplemente a traer una sonrisa a todas esas mujeres, luchadoras y emprendedoras, que viven en las cercanías del proyecto.
Paz y Bien desde la ruta de nuevo, con dolor en las posaderas.

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1Comentario
  • Leire
    Publicado a las 15:20h, 18 marzo

    Repasando antiguas crónicas, siempre he tenido ganas de decirte que me duele leer en tí que el País Vasco es España….