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El mono y el ciervo

Desde lo alto de la rama más alargada, el mono va saltando de árbol en árbol, guardando el equilibrio con su cola mucho más larga que su plateado cuerpo. Su cara negra recortada sobre el cielo brumoso de la selva nos mira asustada. Como acostumbra a ocurrir desde los tiempos en que Tarzán aún llevaba pantalones los ciervos merodean alrededor. Su amistad con los monos de cara negra es muy conocida. Es un binomio de intereses comerciales y militar.

Cuando el tigre de bengala asoma sus bigotes entre los juncos más altos, el mono de cara negra pone en guardia con su grito al ciervo que se bate en retirada vital. A cambio el ciervo va desbrozando ciertas raíces que hacen las delicias del de la cara negra. El parque nacional de Chitwan en Nepal es uno de los pocos lugares del mundo donde se puede contemplar al Tigre de Bengala. Nosotros, el Rober y yo, tan sólo vimos su huella. Pero era bien fresca eso sí. Aunque no nos importó mucho. Nuestro objetivo principal estos diez días era renovar nuestras memorias de amistad. Una amistad que se remonta al año 1.988 cuando yo cursaba mi segundo curso de Derecho en Pamplona y compartimos alojamiento en la Residencia Larrabide. Los tres años siguientes los pasamos viviendo juntos en un piso de la calle Descalzos de Pamplona con más metros de pasillo que de habitaciones. Es esta la quinta visita que me brinda durante mi vuelta al mundo. Combinando sus vacaciones con sus otros amores y compartiendo conmigo generosamente la extra navideña hemos disfrutado de diez días inolvidables. Algo así como si el ciervo y el mono se van de vacaciones por la selva sabiendo que no hay tigres. Roberto además ha ejercido de mensajero y me ha provisto de los repuestos que preciso para continuar camino. Dos llantas nuevas para anticiparme a posibles problemas, pues las que llevo ahora han rodado conmigo desde El Cairo. Una cocina de gas para países en los que este combustible sea más barato que la gasolina, cortesía de Oxígeno. Y una nueva esterilla, de la marca Exped, con la que espero dormir confortablemente aislado siete centímetros del suelo por una capa de aire rellenado de pluma de pato francés. Un nuevo disco duro de 180 gb de capacidad, cortesía de Olga y Joaquín dos compañeros del trabajo de mi amigo Roberto que han querido de esa forma participar de este proyecto que les ha enganchado. Y además mucho jamón de la tía Begoña, de Henar de Toursa, comida especial de mi hermana Paz, cremitas para mi cutis de la amiga Laura y miles de abrazos de amigos mutuos que desearían haber viajado con Roberto. Si alguien quiere contactar con mi amigo, para darle las gracias por los días de felicidad que me ha traído, este es su mail roberportu@yahoo.es. Pero no le pidáis que os cuente nuestras aventuras. Eso es parte de nuestras memorias.

Aunque no todo ha sido cervezas y jamón serrano. También hemos probado la comida nepalí y los momos, una especie de ñoquis rellenos de carne o de vegetales, especialidad tibetana cuando van fritos. Y aprovechando que comento el tema del Tibet he de decir que hemos visitado una clínica tibetana en el barrio de Boudanath en donde el día dos de enero a las diez y media de la mañana hora local (cuatro horas y cuarenta y cinco minutos más que en España Península) estaré ofreciendo mi primer espectáculo del año dos mil nueve. Una fantástica forma de comenzar el año. Es un proyecto cultural y de apoyo a niños humildes del Tibet basado en la enseñanza en una escuelas construidas con Bambú. Emilio Fernández, uno de esos lectores en la sombra de estas crónicas, decidió pasar a la acción y me ha facilitado el contacto para el espectáculo.

Tras repartir sonrisas y magia por el patio de la escuela me encaminaré a visitar uno de los catorce ocho miles de la Tierra. El Annapurna. Una caminata de aproximadamente diez días en una época del año un tanto fría pero que augura unas fotos impresionantes. Y hablando de fotos ya está en la calle el Dario fotográfico de un payaso en África. De momento lo encontráis en la web de paquebote y en la tienda de Oxígeno de Oviedo. Trataré de que llegue cuanto antes a los puntos de distribución habituales de mis libros y materiales audiovisuales. Además está ya en la calle la tercera edición de Kilómetros de sonrisas que incluye el dvd anteriormente agotado del mismo nombre. En fin, que ha sido una etapa del año muy productiva, con una gran visita, y llena de esperanzas para que el nuevo año me lleve a Mongolia a finales del verano dos mil nueve. Ese es mi plan, siempre que el destino no tenga preparado para mí algo mejor. Estaré atento pues quien tiene muchos planes para la vida se pierde los planes que la vida tiene para él.

Feliz año dos mil nueve, Paz y Bien, álvaro neil, el biciclown en Nepal.

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