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A este desierto le falta un nubio

Inversamente a la intensidad con la que ha crecido el viento ha ido disminuyendo la hospitalidad iraní. En el norte del país era deslumbrante. Imposible ir a un supermercado y que te cobraran. Invitaciones por doquier para dormir o comer. En el sur del país, en la ruta 44 que une Tehrán con Mashhad, antigua ruta de la seda, las cosas no son ni mucho menos así. Y es curioso pues es un terreno árido e inhóspito en el que solo la hospitalidad puede dotar de cierto atractivo a estos casi mil kilómetros de viento, viento y viento. El desierto del norte de Sudán era mucho peor en un sentido: en vez de asfalto y dos carriles, había arena y rumbo incierto. En vez de agobiante calor iraní, allí había sofocante y exterminador sol con temperaturas cercanas a los 55 C (al menos en julio cuando yo lo crucé). Aquí en Irán, en este desierto, tal vez solamente haya 50 C. Pero algo había en Sudán, a parte del Nilo, que hizo aquélla travesía mágicamente soportable: la hospitalidad del pueblo nubio. Aquí al sur de Irán se echa un tanto en falta.

Es muy posible que antiguamente, cuando los hombres se desplazaban por aquí en largas caravanas de camellos y no en estúpidas caravanas de coches, las cosas fueran distintas. Cuando alcanzaban alguno de los caravanserai todos se reunían en torno al aljibe, compartían sus historias, intercambiaban consejos, se avisaban sobre puestos de agua y posiblemente juraban en contra del viento que secaba cualquier idea. Hoy en día los coches van tan rápido que ni se paran a echar gasolina. Van arrojando por la ventanilla los envoltorios de las galletas y haciendo sonar el claxón como si ese pitido, peor que un mugido de una vaca, significara algo, encerrara algún tipo de mensaje o incluso de ánimo al extenuado ciclista. Más bien es odiado por este, que bastante tiene con mantenerse sobre la línea blanca, azotado por el viento, zarandeado por los camiones que van rumbo a la frontera y juegan con uno como si de piedras dentro de un globo se tratara.Las jornadas sobre la bici son monótonas, agotadoras y poco refrescantes. Amediodía hay que refugiarse durante al menos cuatro horas.

Interior del caravanseri
Monumento al pistach

Aguardar a que la temperatura descienda unos grados. Atrincherados en un restaurante en el que hemos comido por algo menos de dos euros (arrroz con carne o carne con arroz suele ser el menú) disfrutamos de esas horas en las que la cabeza se relaja. Medio día de lucha ha pasado y tan solo faltan un par de horas para llegar al campamento. Aunque aquí las cosas serán de nuevo difíciles. ¿Un lugar para dormir en el desierto a refugio del viento?Difícil. El arroz suele ir acompañado de arena y las horas de sueño no son de descanso. La factura de los días luchando contra el viento va dejando huella. Hemos envejecido un poco. Tratamos de relevarnos en la ruta, pero sabemos que nunca llegaremos muy lejos. Cada día Mashhad parece un poco más lejos. Y el recuerdo de Sabine pesa en las piernas más que el viento que se enreda en las alforjas. Sabine no llegará a Mashhad. Habíamos previsto encontrarnos con ella y con Andi, su amigo, en esa ciudad. Juntos cruzaríamos Turkmenistán y juntos brindaríamos con la primera cerveza tras varios meses de sequía Ayatolá. Tras dos semanas luchando con embajadas de los Stan, para conseguir las visas, Sabine y Andi salían por fin el domingo de Tehrán. Sabine ya estaba casi reestablecida de un accidente con la bici. Un coche la había atropellado. A parte de romperle el pedal la dejó contusionada. Pero el conductor se hizo cargo y la pequeña Sabine no le guarda rencor.

Recuperada por lo tanto de ese mal golpe de fortuna, seguía a Andi por la autorruta a las afueras de Tehrán cuando otro conductor la golpeó por detrás. Esta vez con mucha peor suerte. Varios dientes rotos, la nariz quebrada y algún hueso de la cara fracturado. Sabine tenía pensado viajar un par de años en bici e iba rumbo a Malasia. Ahora debe viajar en un avión rumbo a Suiza, tras haber sido operada en un hospital de Tehrán. Los coches son máquinas de matar. Da igual quién lo dirija. El invento en sí mismo es diabólico. Para un ciclista, compartir la carretera con un coche es como enfrentarte a un pistolero con un tirachinas.

En la sección videos, hay uno del día que encontré a Sabine en la ruta junto a otros ciclistas. También en la sección Enlaces, Viajeros, hay mención a su web. Os dejo el mail de Andi (Andreas.Griessner@uibk.ac.at) por si os apetece enviarle un mensaje de apoyo. Como algunos no hablareís inglés, os dejo escrito uno aquí, por si queréis copiarlo y enviarlo, junto con vuestra firma. Creo que es lo único que podemos hacer por Sabine. Alguien que tenía sus sueños en una bici y que un coche ha destrozado.
Hi Andi and Sabine
I am friend of Alvaro, the biciclown. He told us about the accident and we are very sorry. Hope Sabine will be soon ok and she can ride again on the bicycle.
Please say hello to her and we wish all the best for you and Sabine

Salva y servidor llegaremos hacia el ocho de julio, viento mediante, a Mashhad. Allí debo recuperar el filtro del agua que he usado en África y que creo deberé usar de nuevo en central asia. También un nuevo portabultos trasero que Bike-tech y Toursa amablemente me han enviado a Mashhad. El siete de julio tocaré mi San Fermín de plata, regalado por el amigo Portu en Ammán (Jordania) las pasadas navidades cuando me visitó con Laura. Ahora el hombre anda preocupado pues en breve cumplirá los cuarenta. Diez días más tarde de San Fermín a mi me caerán los curenta y uno. Cualquier edad, cualquier cumpleaños, es bien recibido siempre que me pille viviendo mi sueño. Aunque el viento se empeñe en aguarme la fiesta diaria.

Desde la ruta de la seda, día 1325, Paz y Bien, el biciclown.
P.D. Enhorabuena a los pamplonicas, hoy comienzan las mejores fiestas de mundo VIVA SAN FERMIN (este anho sin el Portu).

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