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Vodka mejor que tomate

En Armenia un kilo de tomates cuesta dos euros y una botella de vodka tan sólo uno. Parece evidente por qué la gente se emborracha. Es una cuestión puramente económica.

En algunos supermercados (en la mayoría) la sección de licores ocupa mucho más espacio que la de verduras o la de chocolates. Para ofrecer alcohol, en el Caucaso, los habitantes se tocan con el dedo la parte exterior de la garganta. Un gesto que no entendía bien al principio pero que ahora le he encontrado hasta la explicación histórica. Según me cuentan mis amigos, cuando en Rusia los trabajadores recibían la promesa del salario, un sello les era estampado en el gaznate. Al llegar al bar les bastaba con señalar con el dedo esa marca para que el camarero les sirviera vodka. Ahora ya no hay tal sello en la garganta pero ha quedado el gesto que es una invitación a beber.

Armenia es además un país plagado de tuberías de gas. En Alaverdi hay una gran factoría que suministra a todo el país. Los tubos de gas no están bajo tierra sino en la superficie, y para que los autobuses y camiones no los rompan los elevan por encima de la carreterera. Solo lo justito. Si el sistema no fuera de por sí suficientemente peligroso, muchos coches funcionan con gas. Los autobuses llevan las bombonas rojas en el exterior, aunque dado el estado de los vehículos, más bien parecen bombonas de oxígeno para unas máquinas que precisan respiración asistida. Pero son realmente hermosos, con sus ventanas traseras redondas que llenan de luz el interior. Aunque sigo prefiriendo la luz que entra por las ventanas de mi bicicleta: el auténtico descapotable que supera con alegría ciertos desniveles del 12%.

De vuelta en Tbilisi me preparo para el espectáculo que tendrá lugar mañana en Cáritas al tiempo que detallo la ruta que me conducirá en verano-otoño por la Pamir Highway, una de las rutas de alta montaña más hermosas del planeta. Para la que es preciso no sólo un par de visados sino algunos permisos especiales, al ser frontera con Afganistán. Pero cualquier cosa mejor que conductores que beben alcohol a las diez de la mañana y conducen como en un rally por una carretera plagada de vacas que no han visto en su vida un cercado. En Armenia muchos campesinos se la pasan mirando a sus cuatro vacas, alejándolas de vez en cuando de la ruta con un par de mal lanzadas pedradas.

Han sido menos de diez días en ese país, pero más de cuatro pasos de montaña de dos mil metros, 800 kilómetros de bici, y un poco de cerveza KILIKA la conocida marca que triunfa en Yerevan. Por sus calles resuenan los tacones de las hermosas mujeres Armenias que se visten elegantemente como si fueran a la Ópera tan sólo para bajar a la esquina a por el pan. Sus pasos tienen el ritmo de las rotas aceras de Yerevan, que las hacen bailar sin acompañante.

Desde Tbilisi, día 1.281, Paz y Bien el biciclown.

Desnivel del 12Autobús de gasEstectáculo nocturno en Yerevan

 

Entrevista en la tele de ArmeniaEl policía no quería estar en la fotoMetro en Yereván

 

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