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Me visto y vuelvo

Y esto no ha hecho más que empezar puesto que cada pedalada me adentrará aún más en el congelador. En enero, y con rumbo Nordeste, no puede ser de otro modo. Así que he decidico hacer un requiebro a las nubes, un quite taurino templando y mucho con la mano izquierda, y me voy hacia el Sur. Rumbo a Beirut en el Líbano; me visto y vuelvo al camino. Allí espero poder recibir un paquete con material de invierno más potente que, una vez más, la tienda de montaña OXÍGENO pone a mi disposición con todo su cariño-goretex. Nuevas botas, chaqueta, calcetines y guantes. De otro modo la congelación es segura en estas tierras. Cada mañana miró con escepticismo el termómetro que, con pereza de lunes colegial, no llega hasta los 0º C hasta bien entrada la mañana. Y eso los días que el sol se desnuda de nubes, pues cuando éstas cubren el cielo, la nieve hace acto de presencia y complica más aún el pedaleo. Así ocurrió ayer cuando llegué a Homs, la tercera ciudad en importancia de Siria.

En Der Mar Musa, el monasterio del silencio de piedra, incorporé a mi equipamiento una nueva cocina revolucionaria. Algo que si me dicen antes no lo hubiera creído. ¿Cómo es posible convertir una lata de cerveza en una cocina? Que se lo pregunten a Antón, el español que conocí en el monasterio. En una hora confeccionó el inventó que pronto calentaba agua para el té. El proceso es simple, y como todo lo sencillo es duradero y eficaz. Cortas una lata de cerveza en tres trozos, procurando sobre todo que los dos extremos superior e inferior sean iguales, y que la parte central que queda tras el corte pueda encajar en las otras dos piezas. Esta parte central (C) se puede cortar luego más si fuera necesario. La parte superior (A) cubrirá la parte inferior de la lata (B). La parte central (C) se corta trasversalmente, y ese cilindro se mete dentro de B. Entre y C se coloca un trapo viejo. La parte superior de la lata (A) se encaja (con alguna dificultad) por fuera de la parte B, y de este modo C queda sujeto. Luego se hacen unos agujeros en la parte superior de A, perforando a la vez C y B. La parte superior de A se debe cortar quedando así la lata hueca. Ahora se coloca un poco de alcohol de quemar dentro de la lata e, inclinando la lata, ese líquido impregnará el trapo que está oculto entre B y C. Cuando se enciendo el alcohol que está dentro de la lata, como si fuera un milago empieza a salir llama por los agujeros perforados en la parte superior A. Con unas tijeras se pueden hacer un poco más grandes esos agujeros y sobre todo acomodar el trapo que está dentro de la lata y que tal vez tapone algún agujero. Desde luego si estuviera Antón con vosotros este proceso de fabricación sería mucho más sencillo, pero no es demasiado complicado y, cuando te tomas un te con agua calentada en una lata de cerveza, te sabe mejor que en el Sheraton.

Pero antes de llegar a Homs me desvié hacia el desierto para deleitarme con la famosa Palmyra. Así llamada ahora, antiguamente Tamdor, porque en ella abundan las palmeras. Los romanos construyeron aquí hermosos templos, de dimensiones gigantescas, para tratar de asombrar a oriente con su poderío, aunque fue con la Reina Zenobia cuando alcanzó su esplendor. Una mujer de fuerte carácter que le plantó cara al emperador Aurelio conquistando Siria y parte de Egipto. Adoptó el título de Augusto, anteriormente usdo solamente por el emperador de Roma, y acuñó propia moneda.

En Palmira pude conocer además a un padre, en el doble sentido de la palabra, católico. Dada la falta de vocaciones en estas tierras islámicas, el Vaticano ha permitido a algunos hombres casados y con hijos ordenarse como sacerdotes. Algo insólito y totalmente desconocido para mí. El Padre Georges es el encargado de la parroquia de Palmira. Aunque solamente hay 20 cristianos en una poblción totalmente musulmana. El día de mi llegada iban al Hospital a llevar algunos regalos a los niños enfermos. Me pidieron que tomara unas fotografías para publicar luego en la prensa. Pero lo que vi fue algo bien triste. El Padre estaba más preocupado de mi objetivo que de los enfermos. La visita duró escasos diez minutos. Ni un caricia a los niños, ni una pregunta por el estado de salud?, tan sólo preocupación porque yo retratara bien el momento de la entrega de los regalos. Yo había llevado mis artículos de magia, por si acaso la situación se prestaba para hacer algo, pero aquello era un poco bochornoso.

Dentro del grupo de católicos estaba un chico llamado Rudy, que me ofreció quedarme en su casa en Homs. Así que ahora me encuentro aquí, calentándome con estufas de gasolina ( un litro 0,25 euros, pues Siria produce petróleo), y aguardando a que cese la tormenta para llegar a Beirut en Libano.

La nueva bici cada kilómetro parece estar más contenta con su futuro de carreteras y juntos celebramos, en mitad del páramo sirio, los cuarenta mil. Yo tengo cuarenta y ella cuarenta mil. Los perros que cuidan del ganado tiene abuelos lobos y no se andan con tonterías. Por eso no me queda más que cargar con unas cuantas piedras para ahuyentarlos. El otro día vi dos perros cruzando la carretera persiguiendo a un zorro y en su carrera se podía leer la sentencia de muerte del pobre animal.

El programa infantil de La primera de TVE “Comecaminos” dedicará la semana del 11 al 17 de febrero un especial del biciclown. Gracias sobre todo a las imágenes ofrecidas por la productora Filmina y de las que podeís ver un adelanto en www.youtube.com.
La cadena de Radio Punto Radio volverá esta temporada a entrevistarme semanalmente. Será los lunes a las 6,15 a.m. en el programa “A día de hoy”. Tal vez Marcos pueda seguir grabando y trascribiendo las entrevistas en su web alinome.net, como hacía la temporada pasada. Y si no a madrugar.
Tal vez en Beirut pueda de nuevo desenfundar mi clown, gracias una vez más a contactos privados, pues a nivel institucional es penoso la lentitud, cuando no el silencio, de nuestros órganos de difusión de la cultura española en el mundo.
Desde Homs, Siria, día 1149, Paz y Bien, el biciclown.

Las columnas romanas tomando el solUna madre siria en el hospital de PalmiraCocinas Antón
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La ciudadela que preservaba este oasis de los invasoresEn invierno la luz ofrece contrastes maravillososMás que ruinas parece una ciudad en construcción
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Rudy ofreciéndome
un desayuno sirio:
queso, aceitunas, aceite,
pan y por supuesto te
El cuentakilómetros a
punto de llegar
a los cuarenta mil
Irak hace años una ruta
hacia Asia, ahora
un paso imposible.
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