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Del subsuelo al cielo

Para cruzar desde Jordania hasta Israel existe un puente que, de ninguna forma, se puede atravesar sino es en uno de los autobuses de una empresa jordana. El trayecto no supera los 5 kms y cuesta 3 euros. Sin duda uno de los recorridos más caros en autobús del Planeta. Para que no me cargaran otros 3 euros por la bici tuve que discutir hasta con el neumático de reserva del autobús.

Al otro lado estaba Israel, el centro del mundo estos días, pues aquí se encuentra Belem, Jerusalém, Nazaret… Yo venía de un poco más abajo del centro del mundo. Exactamente de 400 metros BAJO el nivel del mar. Pues el Mar Muerto se halla a esa altura (¿o habría que decir bajura?). En sus aguas floté, y me lamenté de meter la cabeza bajo el agua, pues la sal pronto se afirmó en mi iris.

“Seré estúpido!”, pensé al tiempo que me reía. A escasos 500 metros se levanta un edificio sin clase ni estilo, que te carga 20 euros por idéntico baño. Eso si, luego te puedes duchar. Es el hotel Movenpick, que te permite dormir por 200 dólares por cabeza ( o 100 por oreja, que siempre parece menos). A mi el agua dulce para la ducha me la trajo Ahmed, y con los 0,75 céntimos de euro que le di por el suministro quedó más contento que un ocho. Se hacía de noche y mi imaginación para hallar un lugar donde dormir estaba apagada.

Los desniveles jordanos son tan bestiales que
no se atreven a marcar el porcentaje.
Yo les he ayudado
Increíbles paisajes áridos y puros
Una de las puertas a la vieja ciudad

Me quedaban escasamente cinco minutos de resplandor solar cuando, a mi derecha, una voz me reclamó. Era un hombre de unos 60 años que se calentaba al fuego de una hoguera con su amigo de la misma quinta. Ellos custodiaban la entrada a una finca poblada de árboles llenos de mandarinas. Vi en aquella llamada mi salvación. Sorteé con la bici la puerta y con mi ya pulido árabe, les hice saber que necesitaba un lugar para dormir. Se hacían los remolones, sobre todo el que no me llamó, pero mientras Maxi les guiñaba un ojo yo empujé la bici por la puerta metálica entreabierta y nos colamos. En diez minutos ya estaba la tienda montada y me calentaba con ellos al fuego. Son palestinos. Fruto de la diáspora al que ese pueblo se ha visto empujado. Mi idea de venir a Israel era actuar para los palestinos, pero no consigo recibir respuesta de mis amigos Payasos Sin Fronteras, que han actuado aquí en innumerables ocasiones. En fin, que las cosas no son todo lo fácil que parecen o debieran de parecer.

Pero ya puestos me he venido hasta Jerusalem. Aunque me ha costado un gran esfuerzo. Desde que crucé la frontera todo han sido problemas. La pregunta más inteligene que me hicieron en el control israelí era cómo pensaba colocar mis seis alforjas en la bici. Durante la hora que me retuvieron, me hicieron mostrarles mis ahorros (calderilla, pero valió), y la visa. Aunque lo que parece que les convenció del todo fue ver el dvd El Arte de Vivir. Entonces se dieron cuenta que no caí ayer del avión, y que, por otro lado, si no me dejaban pasar me daba la vuelta tan ancho. Lo que no podía permitir es que me sellaran el pasaporte, pues entonces Siria y Libano no me abrirían sus puertas. Al final, tras el tira y afloja, conseguí entrar sin el sello. Pero la espera no fue inútil. Pude volver a contemplar algunas bellas mujeres, sin velo, aunque vistieran el uniforme caqui y fueran soldados israelíes. Mujeres al fin y al cabo, a las que el uniforme les debe dotar de una fuerza especial en las lides amorosas?, imaginaba yo mientras ellas tomaban la decisión de dejarme entrar o no.

Y tras la salvaje e imparable subida desde 400 metros bajo el nivel del mar, he llegado a Jerusalém (800msnm). Una auténtica paliza con final feliz. Aunque no tenía el teléfono ni la dirección de los amigos que me podían alojar en Jerusalém, preguntando por el barrio y con solo su dirección de mail he dado con ellos. Otra vez salvado por la campana.
Espero tener más suerte en Israel con el internet, porque en Jordania era más difícil que bucear en el Mar Muerto.

He pensado proponer una suerte de debate en el foro. Tiene que ver con el libro que acaba de salir. Me gustaría saber las opiniones de los lectores. Pero no solo si está bien o mal, sino algo más concreto. Así, he pensado que la gente puede abrir un debate indicando en el asunto el nombre del capítulo que le ha gustado más o que por el motivo que sea quiere comentar. Y luego hacer el comentario oportuno. Así la gente puede debatir sobre algo concreto. Aprovechémonos de que no andan estos días por el foro los imbéciles que suelen turbar la paz de las cosas.
Hoy al entrar a este nuevo país, el número 33, una especia de garza volaba paralela a mi pedaleo. Era algo raro, pues las aves no gastan la fuerza así como así. Más bien van en busca de algo: comida, su nido?,, pero ésta lo hacía en mi misma dirección, sin una finalidad práctica aparentemente pues no había ningún árbol a la redonda. Tan sólo se dejaba ver, como mostrándome el camino, vigilante de que no cesara en mi empuje, arriba abajo, arriba abajo?; durante más de un kilómetros fuimos compañeros de camino: ella me observaba con el rabillo de su ojo, y yo hacía lo propio deleitándome con su elegante vuelo, cortando el aire con ligereza, sin esfuerzo. Al cabo de un rato que me pareció eterno y hermosísimo, se despidió, una vez comprobó que no dejaba de pedalear ni un minuto.

En Jerusalem he pasado un dia, caminando entre judíos, ortodoxos, católicos, musulmanes, lutheranos. Una ciudad que debería ser un ejemplo mundial de cohabitación. Mientras de la mezquita llaman a la oración un padre franciscano le compra café jordano a un hombre que nació en El Cairo y que tiene por vecino un etíope. La ciudad me recordaba por su limpieza y orden a la lejana Zurich en Suiza. El frío que se cuela por las colinas parece haber borrado la sonrisa de los ocupantes de esta urbe que se ven sometidos a cacheos hasta para entrar en un café. La ciudad es muy cara, precios europeos, y mi bolsillo se ve resentido. Gracias a una pareja de ciclistas Dana y Yonatan no tengo que meter la mano mucho en el bolsillo y, si todo va bien, el martes estaré entrando en la gran Tel Aviv, a orillas del Mediterráneo. Al otro lado España.

Desde Jerusalem, día 1124, Paz y Bien, el biciclown.

Moscas a casi 400 metros bajo el nivel del marEl famoso muro de las lamentaciones
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