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Asko Center Children

Hay shows que tienen más que ver con la fe ciega que con la buena voluntad de las personas. La Embajada de España en Addis se ofreció a apoyarme en la organización de un show. El cónsul, Borja, incluso asistió a mi primer espectáculo en Addis. Conocía, por tanto, y valoraba mi trabajo de actuar para la gente más humilde de forma desinteresada, y desplazarme por el planeta en bici. Así me lo hizo saber desde el principio.

Tras varias conversaciones, la Embajada decidió apoyarme en un show. Si actuaba para quien ellos me propusieran, podrían colaborar con mi proyecto con cierta cantidad. Como les dejé claro desde el principio, en tal caso, mi actuación no sería solidaria (pues cobraba por ella), sino que serían ellos los que demostraran la solidaridad con Fondos Públicos del Estado español. Tras un par de semanas de espera, me ofrecieron actuar en Asko Center Children. Debía poonerme en contacto con Ms. Sanadú, y avisarles de cuándo y a qué hora actuaría. El día previsto, Borja no podía acudir, y me pidió que lo cancelara. Pienso que lo más importante eran los niños que iban a asistir, y el propio payaso (presente), pero como iban a pagar un poco de dinero querían estar presentes. Más o menos comprensible.

Borja me señalaba otras fechas posibles, y en una de ellas hice el show. Con mi visita para preparar el show, había creado unas expectativas que no podía defraudar. En esos momentos no era tan importante que la Embajada me diese una suma de dinero, como que los chicos tuvieran su dosis de risas preanunciada.

Los chicos vibraron de emoción, alguna hermana se apuntó a tocar el tambor, y todos pasamos una hora de diversión y risa. No acudió Borja, ni nadie en su representación.

El otro día via a Borja a la entrada de un cine. Desvió la mirada, pero fui a hablar con él.
«No te llegan mis mails?, Aguardo respuesta», le dije.
«Es que tengo mucho trabajo, la Embajadora sigue en España…, te contestaré», me respondió apresuradamente.

Agradezco a las Embajadas de mi país que me han apoyado y a las que no lo han hecho por haber sido claros desde un principio, pero tengo que desaprobar la actuación de la de Addis, que ha jugado con mi fe con lenguaje florido y ademanes diocechescos. Lo que más me duele de todo esto no es tanto el dinero prometido (de palabra, y para mí eso, entre caballeros, es suficiente), sino que alguien te diga que aprecia tu labor, que quiere apoyarte, y luego se desmarque.

Gracias a las personas del centro por su buena disposición, a Cristine por las fotos, y a Nadaf por su rápida cintura para conseguir lo que necesitaba. Y por supuesto, gracias a los niños, cuyas sonrisas son la luz que alumbra mi camino aún en los momentos más confusos, en donde la burocracia tiende puentes entre los seres humanos, que la risa acorta.

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