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En la línea del congelador

Una mañana entera en Nairobi nos consumió los preparativos del treking. A Syl la conocí en Moshi-Tanzania, trabajando en un proyecto de asistencia a porteadores. Juntos hicimos cumbre en el Meru y ahora la casualidad nos ha juntado en Nairobi. Si bien teníamos pensado hacer la subida por nuestra cuenta, al oír nuestra conversación en un bar una mujer, se presentó como la gerente de una Agencia de aventura y decidimos ir a su oficina a escuchar su oferta. Tras hora y media hablando no llegamos a un acuerdo en el precio, y al salir de la oficina, un hombre nos dijo:
“He estado escuchando vuestra negociación y yo puedo ofreceros el precio que pedís. Venid a mi agencia”

Los kenyatas tienen fama de listos, y éste lo era. Fuimos a su agencia y acordamos con ellos el trekking a un precio ventajoso.
La ascensión sería por la ruta Sirimón. Una noche en Moses Hut (durmiendo en tienda), otra en Shipton (durmiendo en refugio) a 4.200 m., la tercera en Austrian Hut a 4.700 m y con -3 C en mi tienda, la cuarta hacer cumbre y dormir en Mintos Hut también en tienda a 4.200 m, y la última noche bajar por la ruta Chongoria hasta Bandas, a 3.000 m.

Escogimos hacer la ruta con un guía, un cocinero y un porteador. Nosotros acarrearíamos nuestras pertenencias y la tienda, y ellos la comida para casi una semana. Eso abarataría los costes, y también nos permitiría sentir un poco más real la montaña. La mayoría de los turistas acuden con porteadores que les llevan su material, pero para mí es como ir con mayordomo a la montaña. Los porteadores sufren bastante, pues no tienen buen equipamiento. Pero son gente alegre, con la que compartí muchas tardes al calor de sus fogones de keroseno, y a quienes entretuve con mis bromas y mi magia.

Uno de ellos acarreaba un extraño bulto y me hizo detenerme. En sus espaldas subía una bicicleta. Un checo quería bajar la ruta Chongoria en bici. Lástima que no hubiera cargado él mismo su bicicleta, pues una bajada sin subida es como un matrimonio sin riñas.

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