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Hello Mr. Man

Esta isla tiene unos ocho kilometros de largo y los blancos generalmente llegamos aqui en el Ilala. Fue el lugar escogido por William Percival Johnson (anglicano) para eregir la catedral de San Peter, la mas grande de Africa Central y que Vincent se empenha en mostrar a los que nos acercamos a la Isla de Likoma. Para llegar solo unos pocos utilizan el aerodromo de tierra y arena por el que yo estuve pedaleando con Kova. Pues llegar a esta isla en avion, a menos de una hora de la capital de Malawi, Lilongwe, debe ser tan poco excitante como llegar al orgasmo sin carinho. Aproximarte en barco te hace desear la llegada como quien ansia el calorcito del sol en horas del amanecer.

Los chicos de la isla son muy despiertos y acostumbran a saludarte desde todas las esquinas, solo por el placer de hacerlo o para que les tomes una foto. Jugar con ellos al futbol teniendo a los baobas por porterias y al Lago Malawi como banderin de corner otorga, al menos a mi, mas adrenalina que alojarse en el Kawa Maya por 300 dolares la noche. Los duenhos de este albergue de lujo han abierto tambien un camping, Mango Drift, donde por 3 euros, puedes colocar tu tienda en un paraje solitario.

Los dias hasta que llegaba el Ilala los pase en companhia de un tulipan holandes que hablaba perfecto espanhol. Jacomien es enfermera estudiante de farmacia, y ha querido pasar sus vacaciones en solitario por Malawi. Sin muchos planes, sin mucho dinero, dejando que el viento guie sus pasos y entendiendo el viaje como una forma de respirar. Sin mas camara de fotos que su retina digital y devorando libros como quien aprendio tarde a leer y tiene una deuda con la cultura.

Encontramos alojamiento en el Kaya Lodge, un albergue mas que recomendable gestionado con amor por gente local, donde no te sangran el bolsillo por dormir. Mucho mas cerca del mercado que el Mango Drift y donde no te relacionas exclusivamente con otros mochileros que gastan su presupuesto en cervecitas contando batallitas.

El Ilala partia a las 7 de la manhana, o cuando hubieran descargado todas sus bodegas. Los del Kaya Lodge nos iban a llevar en una lancha a motor. Pero a pesar de haberla probado la tarde anterior, el dia D no quiso arrancar. Vuelta a bajar a Kova y todo el equipo de la lancha y a empujar a la senhorita por la arena de Likoma hasta el Ilala. Sin correr, saboreando los imprevistos del viaje que hacen de este una experiencia unica, como irrepetibles son los amaneceres en Likoma Island, de los que no cambiaria ni siquiera la ultima nube, ni el penultimo pajaro, o como diria Luis Rosales, la ultima rama encendida

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