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Gracias al manager que me he agenciado en Luanda, Ivan, he estado en algunos programas de la Televisión Pública de Angola, La televisión. El resto son canales internacionales.

El primer programa era uno infantil. Rodeado de niños y niñas de unos 10 años, la animosa presentadora iba haciéndome preguntas sobre el viaje. Afortunadamente mi portugués me permite comunicarme, no sólo a un nivel básico, sino también a un nivel de humor. Es decir, consigo transmitir sensaciones también con el idioma.

En la grabación del programa estaban también las niñas de Sixto y Fatinha. La más pequeña, Sara, de unos tres años, no dudó en meterse dentro de la cama del decorado y echar una cabezadita. La gente del estudio estaba alucinando, sobre todo, cuando al salir de la cama ajustó las sábanas que había desordenado. Cuestión de educación.

Tras revolucionar un poco el programa, me fui con Iván a la Universidad de Ciencias. A las 15h. estaba programada la charla sobre mis experiencias viajando en bici. Lamentablemente, o Infelizmente como dicen en portugués, hasta las 16.15h. no comenzó, pues nada tenían preparado. Al comenzar la charla, dado el retraso, había tan sólo dos personas en la sala. Poco a poco fueron llegando hasta casi completar el aula con capacidad para unas 150 personas. A los estudiantes les interesaba saber mi opinión sobre África, y en concreto sobre Angola. Pero tal vez lo que más me sorprendió, es que al finalizar la charla, un chico vino a darme las gracias y a preguntarme qué podía hacer él para ser mejor persona. Él entendiá, o creyó ver que yo era un buen tipo y que podía darle alguna pista. Sin sacarle de su error, simplemente le dije:
“Mira, esta charla estaba prevista a las 15 y comenzó a las 16h. No fue por causa de un imprevisto, simplemente falta de organización. Cuidar esos detalles, seguro te harán mejor persona.”

No es que me guste dar consejos, pero si la charla hubiera empezado a su hora, podrían haber sido muchos más los que hubieran asistido, y estoy seguro, que se lo hubieran pasado también como los que estuvimos allí. Además de proyectar el DVD de Sudamérica y hacer un poco de magia, sobre todo hubo risas. Y escuchar a una sala reírse genera una energía tan positiva, que no creo que haya medicamento en el mundo que lo consiga. Sonreír cuesta poco y es fácil, basta estirar un poco los músculos de la cara que rodean los labios. Sonreír produce un cierto brillo en los ojos y una complicidad de hermanos. Reír es un poco más difícil, pero todo es ponerse.

Mis agradecimientos a la gente de la TPA y de la Universidad de Ciencias que han permitido que el virus de la risa siga extendiéndose.

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