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Centro social Edimar

A mi me pasa lo mismo. El primer día que visité el Centro Social Edimar para preparar el show sentí un poco de temor. A Giovanni, que vino a acompañarnos le trataron de quitar el móvil. Es normal. Son chicos que tienen que buscársela para vivir, y el blanco es una buena lotería.

El día del sol amaneció con fuerte sol, y eso hizo que los chicos se refugiaran en las sombras del muro. La comunicación del clown está basada en la mirada, y con el público desperdigado es más difícil. No obstante hubo buen rollo, y salvo alguno como el de la foto con camisa azul, que llegó tarde y no le moló que se metieran con él, el resto se divirtió. Alguno perdió los pantalones, otro se quedó sin beber leche, pero en resumidas cuentas, la energía que brota a raudales en ese centro pudo dirigirse durante una hora hacia un lugar común: la risa.

En este centro los chicos pueden venir a lavar su ropa, ducharse, bailar y descansar. A las seis de la tarde el Padre Mauricio lo cierra y los chicos salen a la calle a buscarse la vida. Lo fundamental es la reinserción en la propia familia y no la sustitución de ésta. Por la noche el Padre Mauricio hace ronda por las calles de la ciudad para ver como están sus chicos. El alcohol y la droga termina con muchos en la cárcel, pero cuando salen saben que tienen un lugar al que acudir sin que nadie les moleste. Un isla de tranquilidad dentro de la jungla.

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