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Paranoicos

Cada miercoles de cada semana de cada mes de cada año, se juntan cerca de mil personas a rezar durante toda la tarde y noche, hasta la madrugada, en los exteriores de la parroquia principal de Enugu.

Tan frecuente aglomeracion de personas suele traer problemas, y a veces serias. En el año 2002 alguien entro disparando a la multitud y mato a 40 personas.

Y uno de esos miercoles de fervorosa devocion apareci yo pidiendo asilo por la parroquia. Dificil empresa.

Un tipo que decia ser de seguridad me salio al paso pidiendome que le mostrara todo lo que llevaba en las alforjas. Me dio la risa. Ya era de noche y pretendia que en la calle, a oscura, y rodeado de gente sacara todo lo que tenia para que el verificase que no llevaba una pistola o un bazoca.

Una hora despues, pude por fin ver a un cura y contarle la pelicula de quien soy y solicitarle alojamiento para esa noche. El padre Michael no puso objeccion, y me llevo a la casa donde tras desempaquetar todos los bultos y subirlos al primer piso me las prometia felices. Previamente habia tenido que mostrar mi pasaporte a cuatro personas diferentes y contar mi historia otras tantas.

Cuando estaba subiendo los ultimos bultos, un chico me salio al paso y me impidio avanzar. Aunque el habia presenciado como el Padre Michael me ofrecia el cuarto para dormir, de repente se hacia el loco y decia que yo no podia quedarme ahi por motivos de seguridad. Segun el mi comportamiento era sospechoso. Llame de nuevo al Padre Michael y me dijo que no podia hacer nada, y que si ese chico decia que me tenia que ir, asi debia ser. Eran las nueve y media de la noche, y la megafonia exterior continuaba transmitiendo a todo volumen los rezos y cantos. Aquello era una pesadilla.

Volvi a retirar los bultos de lo que iba a ser mi cuarto y trate de razonar con esas personas. Otra persona que decia ser cura y que no me quiso dar su nombre, intervino y se ofrecio a pagarme un hotel. Tras mas de dos horas de conversacion, con el ruido ensordecedor de los rezos, el estomago vacio y unas tremendas ansias de descansar, vi por fin una salida.

Un chico me acompaño a un hotel cercano. Pedi algo de cenar. De los catorce platos de la carta solo podian hacerme uno. Me parecia bien. Pedi una cerveza y trate de comprender todo lo ocurrido, sin conseguirlo.

El fanatismo religioso , cualquiera que sea la religion, es tan malo como un dolor de muelas.

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