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Un clown en la calle

Todas mis esperanzas de actuar estaban puestas en Bamako, pero tras media hora de conversacion con los salesianos de la capital de Mali comprendi que seria mision imposible.

Por error acabe durmiendo en la nueva mision catolica, el doble de cara que la mas antigua que andaba buscando. Pero ese error motivo que conociera a uos franceses que iban a entregar material escolar a Burkina. Esa noche ellos cenaron con una periodista de Bamako a la que le contaron que un clown andaba con ganas de actuar. Al dia siguiente la periodista me ofrecia su colaboracion por mail. Le llame por telefono pero no la encontre. Vino a buscarme a la mision catolica pero yo habia salido. Por fin nos encontramos al dia siguiente, y tras varias horas hablando me presento a sus amigos, Buba y Asis, de unos dieciocho años cada uno que cantaban rap y que decian poder organizar el espectaculo para su barrio en dos dias. Decidi jugarmela y les di mi confianza.

El dia fijado, media hora antes del comienzo del show, el Portu y yo buscabamos el lugar marcado. Fue el quien lo encontro. Varias sillas vacias se situaban detras de un tapiz en el que Bob Marley sonreia. Buba y Asis no disimularon su alegria al verme. Pensaron que no llegaba. En cierta medida ellos tambien confiaron en mi convocando a su gente,

El espectaculo fue en plena calle, donde me comi todo el polvo posible, pero donde pude dejar que el clown experimentara una nueva forma de diversion basada en la improvisacion. Y como suele ocurrir, cuando el payaso se lo pasa bien, el publico disfruta el doble.

Algunos blancos que se enteraron acudieron a ver el show. Dos dias despues una de esas personas vino a felicitarme y a darme algo de dinero para colaborar con m proyecto. De paso dejo caer la consabida pregunta de “Porque habia elegido esa forma de vida”. Como siempre me ocurre, improvise la respuesta, pero recorde la risa sincera e infantil de un hombre que vio el show. Tal vez su gesto espontaneo viniendo en mi ayuda cuando me subi al balcon de un primer piso, sea suficente motivo para hacer esto.
Los atardeceres tras una jornada de bicicleta o el placer del primer sorbo de una cerveza helada tras seis dias a mas de 40 grados tienen parte de culpa tambien.

Pero las mas de las veces ni yo mismo que hago por estas tierras en las que un blanco es un accidente.

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